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Así es el Centro Presidencial Obama, con un valor de US$ 850 millones

Por Jacqui Palumbo, CNN

En la cima del Centro Presidencial Obama, en su luminoso “Sky Room” (Sala del Cielo), es donde se invita al visitante a contemplar la totalidad del entorno. Las vistas panorámicas son impresionantes: rodeando el recinto se extienden los lados sur y oeste de Chicago, así como el azul ultramar del lago Michigan. Pero, más allá de eso, constituye un momento para hacer una pausa tras haber recorrido varios pisos de historia y del legado político de Barack Obama; recuerdos que, para muchos, resultan aún muy cercanos.

Sobre la cabeza, una monumental obra de arte del artista Idris Khan crea la ilusión de un ascenso continuo. Palabras extraídas del célebre discurso del presidente Obama en Selma, Alabama, aparecen impresas y superpuestas, ascendiendo en pendiente como una franja azul hasta alcanzar un halo de luz. Tanto en Selma como en otros lugares, el expresidente solía hablar sobre la tarea de forjar el destino de manera colectiva. Y esa parece ser la nota final que acompaña al visitante mientras asciende a través del museo: un futuro aún por escribir, vasto y abierto.

El 19 de junio —en coincidencia con la conmemoración de Juneteenth—, este centro, largamente esperado, abrirá finalmente sus puertas al público. Su construcción se ha prolongado durante más de una década y costó US$ 850 millones, una cifra que no dejó de crecer, convirtiéndolo, con gran diferencia, en la biblioteca presidencial más costosa de la historia.

Esto se debe a que no se trata de un simple edificio. Por el contrario, es un campus integral diseñado por los arquitectos Tod Williams y Billie Tsien que alberga 28 nuevas instalaciones creadas específicamente para el lugar por algunos de los artistas más destacados de la actualidad. Su diseño transforma el concepto tradicional de una biblioteca presidencial de carácter archivístico en un extenso campus de 8 hectáreas que ofrece un museo, eventos comunitarios, un huerto de frutas y verduras, una cancha de baloncesto con dimensiones reglamentarias de la NBA y una nueva sucursal de la Biblioteca Pública de Chicago.

En el período previo a la apertura, el expresidente ha realizado desafíos promocionales: jugó Wordle con Stephen Colbert, zanjó su disputa con la estrella de la NBA Anthony Edwards (por ahora) y le deseó a la gente un feliz día de Star Wars junto a Mark Hamill (quien interpretó a Luke Skywalker) frente al centro, tal vez una respuesta astuta a uno de sus apodos, la “Estrella de la Muerte”. El pesado diseño de granito del museo también ha sido llamado “Obamalisk”, a veces despectivamente, otras veces con cariño.

CNN echó un vistazo al centro esta semana durante su período de apertura anticipada, que dio la bienvenida a miembros de la comunidad como sus primeros invitados. El campus ya estaba lleno de actividad, incluso mientras continuaban la construcción final, el paisajismo y las instalaciones artísticas. Niños en edad escolar llegaban en excursiones y grupos hacían fila para ver las exhibiciones, subiendo las escaleras mecánicas más allá de la vibrante ventana vertical de 25 metros de altura de la artista Julie Mehretu.

Tsien dijo que había sido emotivo ver a los visitantes llenar el campus. “Tienes la sensación de que cuando la gente entra, mira hacia arriba y siente que les pertenece, que es suyo”, dijo durante una entrevista en el edificio Forum del centro.

A pesar de las pintorescas comparaciones, Williams y Tsien basaron la forma del museo en la imagen de cuatro manos uniéndose, promoviendo la idea de que son muchas manos las que dan forma a un lugar, según el propio centro. “No me importan los nombres”, afirmó Williams. “Creo que lo único que nos importa es lo que es, lo que hace y lo que será en el futuro”.

“Lo concebimos como un edificio con una vida útil de 500 años; por ello, cada decisión que se tomó tuvo como objetivo fundamental crear algo que transmitiera una sensación de perdurabilidad y atemporalidad”, añadió Tsien.

Independientemente de lo que cada uno perciba en este edificio de estética brutalista, el centro está llamado a convertirse en una importante institución y destino cultural. Rompiendo con la tradición, su gestión corre a cargo del sector privado —concretamente, de la organización sin fines de lucro Fundación Obama—, en lugar de depender de los Archivos Nacionales y la Administración de Documentos (NARA). El archivo presidencial propiamente dicho, bajo la tutela de la NARA, será digitalizado en su totalidad por primera vez; un proceso que, según la Fundación Obama, ha implicado la digitalización de unos 30 millones de páginas. Parte de este archivo se exhibe actualmente en el museo.

No todos estos cambios ni su costo han sido recibidos con agrado. Han surgido inquietudes persistentes sobre su impacto en la gentrificación en el South Side, y la ubicación misma también fue objeto de controversia. El proyecto se encuentra enclavado dentro del histórico Jackson Park de la ciudad, una decisión que derivó en batallas legales, ya que un grupo ecologista demandó a la ciudad de Chicago por permitir la construcción de un proyecto privado en terrenos públicos. La demanda fue finalmente desestimada.

Aunque el centro añadió 1,5 hectáreas al parque, algunas de sus partes también resultaron afectadas por la construcción. Entre ellas cabe destacar la tala de cientos de árboles y la eliminación de su histórico Jardín de las Mujeres, que databa de 1937 y que, tras ser demolido, ha sido reimaginado para el nuevo complejo. Durante una presentación celebrada el miércoles en el centro, Valerie Jarrett, directora ejecutiva de la Fundación Obama, hizo hincapié en las oportunidades recreativas al aire libre que han ofrecido desde el principio: un campo deportivo construido antes incluso que las plazas principales y los edificios, así como los jardines y otros espacios verdes (incluida una colina para deslizarse en trineo) que han ido cultivando desde entonces.

“Hemos celebrado miles de reuniones comunitarias para garantizar que este complejo se integrara armoniosamente en el tejido urbano, y para asegurar que los residentes de las inmediaciones del centro sintieran un sentido de pertenencia y participaran junto a nosotros en el desarrollo de sus planes”, afirmó.

Dentro del museo hay exposiciones dedicadas al legado político del expresidente, a las iniciativas públicas de la exprimera dama y a movimientos históricos —tales como los Derechos Civiles y el sufragio femenino— que moldearon a ambos. Las vitrinas exhiben material efímero y objetos conmemorativos de campaña, desde el icónico cartel HOPE de Shepard Fairey hasta dibujos infantiles. Un video que recorre las iniciativas de base del ciclo electoral de 2008 marca la cuenta regresiva hacia ese momento político transformador, mediante imágenes de la campaña que captan la labor de los voluntarios.

Pero los visitantes también podrán apreciar cómo los Obama influyeron en el diseño, el estilo y la cultura. Esto incluye algunos de los atuendos más icónicos de Michelle Obama, como el abrigo y el vestido en tono verde dorado diseñados para ella por la difunta Isabel Toledo para el Día de la Investidura en 2009, así como el vestido —diseñado por Michelle Smith, de la firma Milly— que lució al posar para el retrato pintado por Amy Sherald en la Galería Nacional de Retratos. (No se incluyó el traje color canela del expresidente, igualmente icónico, que según comentó Jarrett él regaló).

También hay una réplica a escala real del Despacho Oval, donde los visitantes pueden sentarse en el escritorio. Si bien Obama no es el primero en incluir una réplica de este tipo en una biblioteca presidencial —una tradición que han seguido, entre otros, George W. Bush, Ronald Reagan y Jimmy Carter—, esta destaca especialmente en un momento en que el Despacho Oval actual ha experimentado un cambio drástico en cuanto a gustos y estilo. Durante la presidencia de Trump, su estética pasó de ser sobria a estar excesivamente recargada de dorados.

Cuando la sala aún se encontraba en construcción, el ex diseñador de interiores de la Casa Blanca Michael Smith tuvo la oportunidad de verla por primera vez en marzo, un momento emotivo que quedó registrado en un video publicado por la Fundación Obama.

“No pensé que esto fuera a emocionarme tanto”, comentó, haciendo una pausa para contemplar el lugar.

A lo largo del campus, 30 artistas han creado una serie de obras permanentes site-specific (es decir, concebidas para el lugar) de una escala que resultaría un desafío incluso para una institución líder en arte contemporáneo.

Con la curaduría de la exsubdirectora del programa “Arts in Embassies” Virginia Shore, la colección pone en diálogo a artistas contemporáneos —tanto consagrados como menos conocidos—, muchos de los cuales mantienen profundos vínculos con Chicago. Numerosas obras son de gran escala, entre ellas la enorme pintura táctil de la ciudad realizada por Mark Bradford; el tapiz de casi dos pisos de altura, adornado con cuentas y cascabeles, de Nick Cave y Marie Watt; y la escultura exterior de forma arqueada de Martin Puryear, que rinde homenaje a Martin Luther King Jr.

Otros son encuentros más fortuitos, como la escultura de Richard Hunt —que representa un pájaro alzando el vuelo desde un libro— situada en un tranquilo patio junto a la biblioteca, o un mosaico de Rashid Johnson en la Cocina Didáctica del centro, ubicado junto a un huerto de frutas y verduras.

El artista Theaster Gates —quien ha rendido homenaje a la vida y la belleza de la comunidad negra en el edificio del Foro del centro mediante un friso compuesto por imágenes de archivo de las revistas Ebony y Jet— es también vecino del centro gracias a sus proyectos de revitalización cultural a través de la Rebuild Foundation. En una entrevista exclusiva concedida a CNN a finales del año pasado, Gates declaró: “Espero que, cuando la gente acuda al centro, lo haga con el corazón abierto hacia el futuro de la democracia, la imaginación colectiva, la narración compartida y la creencia colectiva”.

En conjunto, los artistas “contribuyen realmente a contar una historia sobre la comunidad, sobre el encuentro y sobre el poder del arte para activar y dinamizar a las personas”, afirmó la directora del museo, Louise Bernard.

“Esta ha sido una oportunidad para que ellos realcen verdaderamente ese sentido de esperanza que se halla intrínseco en su obra; por ello, vemos piezas que resultan verdaderamente cautivadoras por su sensibilidad”, añadió. “Tratan sobre el poder y el lugar que ocupa Chicago. Tratan sobre la idea de la convergencia de diferentes voces y prácticas. Tratan sobre la memoria, sobre el lugar y sobre el poder del color para transportar a las personas”.

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