La Casa Blanca aún no divulga resultados del examen físico más reciente de Trump y surgen nuevas preguntas sobre su salud
Por Adam Cancryn, CNN
La Casa Blanca aún no ha publicado los resultados del examen físico más reciente del presidente Donald Trump, una ruptura con su propia práctica anterior que probablemente alimentará nuevas preguntas sobre su salud y aptitud para el cargo.
Trump, quien es el presidente de mayor edad en asumir el cargo, declaró en redes sociales que se encuentra en perfecto estado de salud tras una visita de varias horas este martes al Centro Médico Militar Nacional Walter Reed.
Pero, pese a prometer que proporcionaría un resumen del chequeo “en el próximo día o algo así”, la Casa Blanca no ha ofrecido información adicional desde entonces, ni ha confirmado que el médico de Trump tenga previsto divulgar un informe público en algún momento.
Los tres días de silencio marcan una diferencia respecto al manejo que la Casa Blanca dio a exámenes físicos anteriores de Trump. Tras una visita a Walter Reed en abril pasado, su médico personal, el doctor Sean Barbabella, resumió los resultados en un memorando publicado dos días después. Cuando Trump regresó para otro examen en octubre, la declaración de Barbabella de que seguía gozando de una “salud excepcional” fue publicada ese mismo día.
Esta vez, Trump ha sido hasta ahora la única fuente de información sobre su propia salud, a pocas semanas de cumplir 80 años.
“Me resulta inconcebible que la Casa Blanca no publique una declaración sobre la salud del presidente, aunque sea la más básica”, dijo el doctor Jonathan Reiner, profesor de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad George Washington y quien fue durante años cardiólogo del exvicepresidente Dick Cheney. “Si la Casa Blanca se niega a divulgar el informe médico, eso realmente generará preocupaciones sobre la aptitud del presidente para ocupar el cargo”.
Trump ha sido durante mucho tiempo reservado respecto a cualquier problema de salud personal y concede gran importancia a proyectar una imagen de fortaleza y vitalidad. Durante la campaña y en la Oficina Oval, ha convertido su vigor en parte central de su identidad política, presumiendo con frecuencia de su bienestar físico y mental. Informes médicos anteriores reflejaron a menudo esa actitud. Durante el primer mandato de Trump, el entonces médico presidencial, el doctor Ronny Jackson, elogió efusivamente sus “genes increíbles” durante una conferencia de prensa de una hora dedicada exclusivamente a la salud del presidente y realizada a petición suya.
Sin embargo, a medida que se acerca a los 80 años, los signos visibles de envejecimiento de Trump y algunos comportamientos erráticos han intensificado el escrutinio sobre su salud y las exigencias de una mayor transparencia. Y después de las intensas dudas que rodearon la agudeza mental del expresidente Joe Biden, el público estadounidense parece especialmente sensible a las preguntas sobre la salud física y cognitiva del comandante en jefe.
Trump presenta hematomas frecuentes en ambas manos, que suele cubrir con abundante maquillaje. Después de que fotografías tomadas el año pasado mostraran hinchazón en sus piernas, la Casa Blanca informó que había sido diagnosticado con insuficiencia venosa crónica, una afección común entre pacientes de mayor edad. También fue visto con una erupción en el cuello en marzo, que Barbabella atribuyó a un “tratamiento preventivo de la piel”, aunque no especificó por qué Trump necesitaba dicho tratamiento. Durante varias reuniones y eventos en el último año, Trump pareció quedarse dormido, episodios que tanto él como la Casa Blanca han negado enérgicamente. (El presidente ha dicho anteriormente que los medios “lo captaron en un parpadeo” y ha bromeado diciendo que algunas reuniones se vuelven “bastante aburridas”).
La visita a Walter Reed este martes también marcó la tercera en los últimos 13 meses, una frecuencia inusual en comparación con la práctica habitual de presidentes anteriores, que suelen someterse a un examen al año. (En su publicación en Truth Social tras la cita, Trump la describió como un “examen físico de seis meses”). Tump también ha visitado a un dentista en Florida en dos ocasiones este año, ofreciendo pocas explicaciones más allá de insistir en que se trató de procedimientos de rutina.
Aunque ninguna de esas afecciones parece alarmante por sí sola, según expertos médicos, la reticencia de la Casa Blanca a proporcionar más detalles dificulta disipar preocupaciones mayores.
“Implica que hay información que no quieren que el público conozca”, dijo Reiner sobre la falta de divulgación de los resultados más recientes del examen de Trump. “Intensifica la desconfianza sobre su transparencia”.
La Casa Blanca declinó hacer comentarios oficiales. En su publicación de Truth Social a principios de esta semana, Trump escribió tras el chequeo que “Todo salió PERFECTAMENTE”. Sus asesores han restado importancia a las preguntas sobre su aptitud física e incluso se han burlado de las preocupaciones, rechazando cualquier sugerencia de que Trump no goce de una salud óptima.
“Son las 9:30 p. m. de un sábado y el presidente Trump sigue trabajando arduamente para el pueblo estadounidense en la Oficina Oval”, publicó el director de comunicaciones de la Casa Blanca, Steven Cheung, en X el fin de semana pasado. “Es único”.
Barbabella ha ofrecido elogios similares en los memorandos posteriores a exámenes anteriores, aunque no ha sido tan categórico como el presidente. En abril pasado escribió que Trump “permanece en excelente estado de salud”, atribuyéndolo en parte a sus “frecuentes victorias en torneos de golf”.
En octubre, Barbabella afirmó que Trump tenía la “vitalidad cardiovascular” de una persona 14 años más joven que su edad cronológica.
“El presidente Donald J. Trump mantiene una salud física excepcional”, escribió en un resumen de aquel examen.
Aun así, los informes de Barbabella han proporcionado detalles generales que, según expertos médicos, son fundamentales para descartar problemas graves de salud y ofrecer cierta tranquilidad a los votantes, que se han vuelto más atentos al estado de salud de Trump. Una encuesta de febrero encontró que seis de cada diez estadounidenses creen que Trump se ha vuelto más errático con la edad.
En los últimos meses, los demócratas también han mostrado una mayor disposición a convertir la aptitud de Trump en un tema político central. Después de una serie de publicaciones el mes pasado relacionadas con Irán —incluida una amenaza de que “toda una civilización morirá esta noche” y un llamado a la nación para que “Abran el maldito estrecho, malditos locos, o vivirán en el infierno”— algunos legisladores demócratas y otros críticos retomaron los llamados a invocar la Vigesimoquinta Enmienda y destituir a Trump del cargo.
Los republicanos han desestimado las conversaciones sobre la Vigesimoquinta Enmienda, haciendo improbable esa posibilidad. Los aliados de Trump también han defendido su retórica, argumentando que esas amenazas forman parte de su estrategia de negociación y sosteniendo que sigue tan apto física y mentalmente como siempre.
Aun así, Trump tiene antecedentes de ocultar la verdadera naturaleza de problemas de salud pasados. Tras contraer covid-19 durante su primer mandato, Trump y sus médicos ofrecieron repetidamente descripciones optimistas de su estado, incluso cuando tuvo que ser hospitalizado y en algunos momentos requirió oxígeno suplementario.
Esas versiones optimistas quedaron en entredicho cuando quien era entonces su secretario general, Mark Meadows, ofreció una evaluación más preocupante, que intentó realizar de manera anónima, sugiriendo que no tenía autorización oficial para hacerlo.
“Los signos vitales del presidente durante las últimas 24 horas fueron muy preocupantes y las próximas 48 horas serán críticas en términos de su atención médica”, dijo Meadows en aquel momento.
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