El día que Serena Williams regresó y el tenis recuperó a una heroína
Por Ben Church, CNN
Es difícil que el tenis tenga mucho de rock and roll. El deporte simplemente no se presta a eso, especialmente durante prestigiosos torneos sobre césped en frondosos suburbios londinenses como el Queen’s Club Championships de este año.
Sin embargo, cuando Serena Williams salió a la cancha este martes para disputar su primer partido de tenis en casi cuatro años, sí se sintió un poco como rock and roll: algo especial, algo fuera de lo común, algo que parecía casi imposible.
Pero en lugar de Oasis con guitarras en el estadio de Wembley, allí estaba una de las mejores atletas del mundo, con tenis color rosa intenso y su raqueta en la mano.
Fue un poco surrealista, en verdad, ver a Williams en la cancha otra vez. Era casi como entrar en un montaje de YouTube con los mejores momentos de la historia del tenis. Se sentía inusual, se sentía especial, y todos los que llenaban la Andy Murray Arena parecían conscientes de la suerte de estar allí.
Así que cuando Williams salió del vestuario, detrás de su joven compañera Victoria Mboko, bajando las escaleras hacia la cancha, la reacción del público con entradas agotadas no sorprendió a nadie.
Sin embargo, Williams no saludó a sus fans ni dio señales de considerar que aquello tuviera algo extraordinario. Puede que no sea la Serena de su mejor etapa, pero sí era una mujer de 44 años completamente concentrada en la tarea.
Incluso cuando el locutor del estadio repasó su lista de logros profesionales entre vítores cada vez más intensos, Williams no se apartó de su calentamiento. Estaba serena, relajada y conservaba ese temple interior que la ha convertido en una rival tan formidable a lo largo de los años.
Ese nivel de concentración no decayó. Aunque envió su primer golpe a la red, Williams no falló en su segunda ni en su tercera intervención del partido. El segundo fue una volea enérgica que apenas pudo ser devuelta, pero en la tercera Williams remató la devolución con un golpe seco, acompañado por ese gruñido característico que ha resonado durante décadas en las canchas de tenis.
Su primer tiro ganador fue celebrado con tanta fuerza por el público que muchos espectadores se pusieron de pie para aplaudir. Una aficionada sentada justo detrás de la familia de Williams gritó de emoción, levantó el puño y se volvió hacia las gradas para animar al resto.
Era apenas un punto más, pero sus seguidores lo celebraron como si se tratara de un título de Grand Slam.
En una rueda de prensa el domingo, Williams dijo que una de las razones de su regreso era que sus hijas pudieran verla jugar.
La familia de Williams estaba, por supuesto, junto a la cancha para el partido, sentada detrás de la línea de fondo, con la pequeña Adira en el regazo de su padre. Haber visto a su madre, una superestrella, regresar para brillar de nuevo en la cancha sin duda será una gran motivación para sus hijas algún día. Pero, a corto plazo, fueron ellas quienes le devolvieron a Williams una dosis de realidad después del partido.
Contó a los periodistas que una quería ir a la juguetería, mientras que la otra preguntó qué habría para cenar.
La familia Williams también estuvo acompañada en las gradas por varias caras conocidas, como la esquiadora estadounidense Lindsey Vonn, alguien que sabe bien lo que significa regresar.
La mayoría se habría conformado con ver a Williams de nuevo en la cancha, pero el hecho de que ella y Mboko ganaran en dos sets hace que el contexto resulte todavía más notable.
A pesar de su ausencia del circuito, la veterana no desentonó en absoluto. Conservaba la potencia, la garra y la capacidad de producir algo mágico de la nada.
Y aunque para el resto aquello se sintió especial, Williams dijo que para ella todo resultó bastante normal.
“Creo que esa es la belleza de ser atleta y la importancia de, ya sabes, concentrarse”, dijo a los periodistas después de la victoria, al explicar que se sintió un poco nerviosa 30 minutos antes de salir.
“Siento que, una vez que llegas allí y entiendes que no importa lo que esté pasando en el mundo exterior, siempre es aquello para lo que estás allí lo que realmente ayuda”.
El interés por Williams era tal que varios periodistas de tenis se marcharon antes de tiempo de Roland Garros para asistir el domingo a la jornada de medios en el Queen’s Club, donde la campeona de 23 títulos individuales habló con los reporteros. De repente, ver la final masculina de un Grand Slam ya no parecía tan importante como el regreso de una leyenda viva.
Ese nivel de interés continuó hasta este martes, con cámaras alineadas junto a su cancha de práctica mientras esperaba su partido en una soleada tarde londinense.
“Una barbaridad”, dijo un integrante del personal del centro de prensa para describir el aumento de la atención mediática cuando Serena confirmó su regreso. “Es simplemente increíble”.
No había habido un revuelo similar en este torneo desde los días en que el favorito local Andy Murray recorría sus pasillos. Ahora, la cancha que lleva su nombre albergaba el lugar más codiciado del tenis.
Los aficionados también respondieron: la jornada ya estaba cerca de agotarse antes del anuncio de Williams, pero los boletos restantes se vendieron en cuanto se hizo pública su participación.
“Te extrañé, Serena”, fue uno de los muchos gritos que se escucharon desde las gradas durante un partido brillante.
En muchos sentidos, eso eclipsó ligeramente —y con razón— a los otros encuentros programados para este martes. Después de ganar su partido de individuales más temprano ese día, la británica Katie Boulter bromeó con que esperaba ver a algunos de sus aficionados en la Cancha 1 mientras disputaba el dobles al mismo tiempo que se jugaba el partido de Williams.
“Lo entiendo perfectamente”, dijo entre risas, resignada a que muchos preferirían quedarse en la Andy Murray Arena para ver a la ex número uno del mundo sobre el césped.
La propia Boulter volvió también para ver parte del partido y tomó una foto de Williams en acción desde un balcón con vista a la cancha. Simplemente no quiso perdérselo, aunque eso pareciera apresurar su preparación para su propio encuentro.
Fue apropiado que Williams fuera la encargada de cerrar el partido con su servicio, y lo hizo con facilidad. La estadounidense conectó dos saques directos para ponerse 40-15, antes de enviar otro servicio por encima de la red que su rival apenas pudo rozar con la raqueta.
Esa mirada acerada se suavizó un poco cuando supo que la victoria estaba asegurada, y esa sonrisa radiante quedó a la vista de todos cuando habló con los reporteros junto a Mboko.
“Me pongo una C- (7)”, dijo Williams entre risas cuando le pidieron que evaluara su propia actuación. “Me divertí”.
La atención se centra ahora, naturalmente, en lo que viene. A corto plazo, eso está claro: Williams y Mboko tienen unos cuartos de final aquí en el Queen’s Club. Dependiendo de lo que ocurra allí, Williams viajará después al Berlin Open la próxima semana.
Lo que suceda después todavía está por decidirse, pero el atractivo de Wimbledon puede ser demasiado fuerte como para resistirse.
“Es día a día. Todavía tengo tiempo para decidir”, dijo cuando le preguntaron por la posibilidad de jugar dobles en el grande sobre césped del próximo mes.
La verdad es que muchas cosas han cambiado en el tenis desde que Williams se apartó. Y aunque hay una calidad indudable con nombres como Jannik Sinner, Carlos Alcaraz y Aryna Sabalenka al frente del circuito, sí parece faltar algo del brillo estelar que tenía este deporte hace apenas cuatro años.
No obstante, este martes el tenis recuperó a una de sus heroínas y todo indica que estará de vuelta por un tiempo.
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