Una pregunta se cierne sobre la diplomacia de EE.UU. con Irán: ¿está siendo Trump sincero con el pueblo estadounidense?
Análisis por Stephen Collinson, CNN
El presidente Donald Trump no deja de decirles a los estadounidenses que la diplomacia con Irán va bien, que se está cerca de llegar a un acuerdo y que “al final todo saldrá bien”.
Pero, claro, lleva meses diciendo eso.
Según fuentes de CNN, las conversaciones indirectas entre bastidores parecen haber avanzado, ya que ambas partes están puliendo la redacción de un memorando de entendimiento inicial.
Sin embargo, el acuerdo genuino y a gran escala que Trump promete que abrirá el estrecho de Ormuz y acabará para siempre con las ambiciones nucleares de Irán es, hasta el momento, solo otro espejismo en Medio Oriente.
Esto plantea una pregunta: ¿está siendo sincero el presidente con el pueblo estadounidense sobre el progreso diplomático y los objetivos alcanzables?
Las declaraciones de Teherán son notablemente menos optimistas y enérgicas que las de Trump. Hay informes de que sus negociadores interrumpieron por completo la comunicación debido a los ataques israelíes contra el Líbano.
Y luego está el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, si es que merece siquiera ese nombre.
Un ciudadano indio murió la noche del martes en un ataque iraní contra el aeropuerto de Kuwait, y Teherán intentó atacar bases estadounidenses en Kuwait y Bahrein, aparentemente sin éxito.
Esto habría sido en represalia por un ataque con misiles estadounidenses contra un petrolero con bandera de Botsuana que se dirigía al centro de exportación de petróleo de Irán en la isla de Kharg.
Este tenso contexto hizo que las últimas declaraciones de Trump sobre la situación parecieran aún más alejadas de la realidad de una guerra que él mismo inició en febrero, que declaró ganada a principios de marzo, pero que aún no ha terminado.
En una entrevista para un podcast publicada el miércoles, Trump afirmó que él y el líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, “parecen llevarse bastante bien” y que le gustaría reunirse con él.
Poner fin a las guerras siempre es difícil. La diplomacia no es como una tetera que hierve rápidamente. Es un proceso tedioso y complejo. Sería razonable esperar que esto llevara tiempo, de no ser por el constante entusiasmo de Trump.
Generar esperanza en las negociaciones y los avances puede ser una táctica diplomática legítima si crea un espacio para el compromiso. Esto podría ser lo que Trump pretendía el miércoles.
El presidente les dijo a los periodistas en la Oficina Oval que “la negociación en sí ha ido muy bien — en realidad, muy bien — incluso si sucede, y puede que no suceda, pero si sucede, podría ser como durante el fin de semana”.
La imagen pública es desfavorable para la administración.
A pesar de sus afirmaciones de una victoria aplastante que hundió a la armada iraní en el fondo del Golfo Pérsico, la superpotencia estadounidense parece estar tomándose las cosas con calma, esperando a que un régimen iraní regenerado ceda cuando no muestra señales de estar dispuesto a hacerlo.
Cuanto más se prolongue el estancamiento, más claro quedará que la victoria contundente y la salida limpia que Trump tanto anhela ya no son posibles.
Esto no significa que vaya a estallar una guerra a gran escala. Nadie parece desearlo, pero un resultado satisfactorio podría requerir las negociaciones largas y tediosas que Trump rechazó a principios de esta semana.
El clima de peligro para las negociaciones quedó de manifiesto durante los dos difíciles días que el secretario de Estado Marco Rubio tuvo que comparecer esta semana ante las comisiones de la Cámara de Representantes y del Senado.
Rubio se enfrentó a un profundo escepticismo sobre el enfoque del Gobierno, y no solo por parte de los demócratas.
El exsenador de Florida es uno de los comunicadores más hábiles del Gobierno y ofrece las explicaciones más coherentes sobre la guerra, aunque a veces parezcan un intento de embellecer el discurso a posteriori.
Pero las contradicciones de la guerra a menudo resultan imposibles de conciliar incluso para él: la administración tiene que explicar por qué no puede poner fin a una guerra que ya ha ganado y por qué está negociando para terminar con un programa nuclear que, según afirma, ya fue “aniquilado” en los ataques aéreos del año pasado.
La representante demócrata Sara Jacobs formuló una pregunta directa el miércoles: “Si la guerra ha terminado, ¿quién ganó?”.
Rubio respondió que las fuerzas militares ya no realizaban ataques sostenidos en Irán; había destruido su base industrial; había reducido sus arsenales de lanzadores de misiles y drones; y había aniquilado su Fuerza Aérea y su Armada. “Considero que eso es una victoria”.
Rubio también ofreció un vistazo a la diplomacia secreta.
Dijo que, en primer lugar, Irán debe abrir el estrecho sin peajes, retirar las minas y no disparar contra los barcos para conseguir que se levante el bloqueo estadounidense a sus buques y puertos, subrayando que Estados Unidos no había ofrecido ningún alivio de las sanciones a cambio de tales medidas.
Irán tendría que aceptar entonces entablar negociaciones específicas para poner fin al enriquecimiento de uranio y deshacerse de sus reservas actuales. Solo entonces, Teherán podría esperar la descongelación de sus activos, afirmó Rubio. “No habrá ningún tipo de prima por firma anticipada ni gesto de buena fe”, añadió.
Pero Irán también tiene voz y voto. El medio de comunicación iraní semioficial Mehr declaró el miércoles que el texto del memorándum “aún está en discusión” y que Teherán no había enviado ninguna respuesta.
Gran parte de la diplomacia de alto nivel, tarde o temprano, aborda la cuestión de la secuencia de pasos, es decir, el orden en que cada parte avanzará hacia un acuerdo.
Sin embargo, el actual estancamiento pone de manifiesto la influencia que Irán obtuvo al bloquear el tráfico de petróleo a través del estrecho de Ormuz.
Esto podría obligar a Estados Unidos a renunciar a parte de su influencia tradicional en las negociaciones nucleares —las sanciones y la congelación de activos— incluso antes de que comiencen.
Teherán ya parece haber obligado al presidente a controlar al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, por sus ataques contra Hezbollah en el Líbano. La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán espera mantener a este grupo afín en su arsenal regional.
El senador demócrata Jeff Merkley declaró el miércoles a John Berman de CNN que Trump estaba siendo superado. “Creo que las negociaciones están paralizadas. Ha quedado claro que Irán está diciendo: ‘Miren, quieren que abramos el estrecho. Tienen que descongelar nuestros activos. Tienen que eliminar las sanciones. Y, por cierto, Israel tiene que dejar de bombardear el Líban’”.
Esto deja a la administración ante otra pregunta difícil.
Si se está tardando tanto en redactar un memorándum para el cese oficial de las hostilidades, ¿por qué espera Trump que un acuerdo nuclear integral le siga rápidamente?
El acuerdo de la administración Obama de 2015 que congeló el programa nuclear iraní requirió casi dos años de intensas negociaciones y años de trabajo preparatorio.
Y Rubio insistió el miércoles en que cualquier acuerdo de Trump sería mucho más completo que el del presidente número 44, que su sucesor, Trump, anuló.
El secretario de Estado admitió implícitamente que un verdadero acuerdo con Irán que imponga restricciones “severas” a las ambiciones nucleares iraníes será una tarea larga y agotadora.
“Obviamente, se trata de asuntos muy técnicos, así que no creo que se puedan resolver en cinco días”, declaró ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado. “Eso requeriría que un equipo de expertos se reuniera durante un período de 30, 60 o 90 días para definir los detalles, pero Irán debe comprometerse a hacerlo”.
Una diplomacia prolongada y adecuada no es mala idea. A veces, los problemas sumamente divisivos no tienen solución, pero posponerlos mediante conversaciones prolongadas puede, al menos, evitar que desencadenen un conflicto directo.
Cuando los enemigos dialogan, generalmente no luchan, y no se producen muertes de civiles ni militares inocentes.
Pero las condiciones específicas de la guerra entre Estados Unidos e Irán implican que existen presiones de tiempo particulares, a pesar de que Trump insiste en que el conflicto ya está ganado.
La guerra no ha terminado para los estados del Golfo atrapados en el fuego cruzado, cuyas economías, industrias turísticas y sociedades están siendo tomadas como rehenes.
La crisis económica mundial aún no ha terminado, y se vislumbran repercusiones más graves que nunca por el cierre del estrecho.
Ejecutivos y analistas petroleros, por ejemplo, advierten que las reservas de crudo, que amortiguaron el impacto de la guerra, están disminuyendo a un ritmo alarmante.
Y la situación no ha terminado para los consumidores estadounidenses frustrados por los altos precios de la gasolina, ya que los republicanos temen las repercusiones en las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
La urgencia de Trump está justificada. Pero sus ilusiones sobre un acuerdo inminente, cuando una solución real puede tardar muchas semanas en concretarse, generan dudas sobre sus optimistas expectativas.
Puede que el presidente tenga que aprender a apreciar la diplomacia “aburrida” que tanto desprecia.
The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
