Mediante la modificación de un gen, los científicos esperan eliminar el colesterol alto de por vida
Por Sandee LaMotte, CNN
Científicos informaron que una única modificación de un gen clave redujo en aproximadamente un 50 % el colesterol que obstruye las arterias durante todo un año sin efectos adversos.
Estos resultados sumamente positivos se observaron en cuatro personas que recibieron la dosis más alta del tratamiento experimental durante un estudio piloto publicado en The New England Journal of Medicine en noviembre de 2025.
Dicho estudio fue muy reducido: contó con solo 15 pacientes que presentaban niveles de colesterol peligrosamente altos y no respondían a la medicación. La investigación tenía como objetivo evaluar la seguridad de cinco dosis distintas de una infusión de modificación genética administrada mediante CRISPR-Cas9, una herramienta biológica que actúa como una tijera capaz de cortar un punto específico del genoma para modificar, activar o desactivar un gen.
“Si me hubieran preguntado hace 15 años si podríamos haber hecho algo así, habría pensado que estaban locos”, declaró anteriormente a CNN el autor principal del estudio, el Dr. Steven Nissen, director académico del Instituto del Corazón, Vascular y Torácico de la Familia Sydell y Arnold Miller de la Cleveland Clinic, en Ohio.
Una actualización del estudio, publicada el viernes en el NEJM, parece responder a una pregunta clave: ¿perduran los efectos de la intervención?
“¿Es este un tratamiento de una sola vez y listo? Esa era siempre la gran incógnita”, señaló el autor principal del estudio, el Dr. Luke Laffin, cardiólogo preventivo del Instituto del Corazón, Vascular y Torácico de la Cleveland Clinic.
“Estos nuevos datos indican, esencialmente, que las reducciones de colesterol LDL y triglicéridos observadas a los 60 días del tratamiento se han mantenido durante más de un año”, afirmó Laffin. “En las personas que recibieron la dosis más alta, la reducción parece ser duradera y segura”.
La lipoproteína de baja densidad, o LDL, se conoce como colesterol “malo”. Desempeña un papel fundamental en las enfermedades cardíacas, la principal causa de muerte entre los adultos tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo. Los triglicéridos son otro tipo de grasa presente en la sangre que también se asocia a un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular.
Si ensayos clínicos de mayor envergadura arrojan resultados similares, el procedimiento podría marcar un antes y un después para los jóvenes que padecen formas graves de la enfermedad, según declaró anteriormente a CNN la Dra. Ann Marie Navar, cardióloga preventiva y profesora asociada de cardiología en el Centro Médico UT Southwestern de Dallas.
“Si tienes 20 años y el colesterol muy alto, podría tener mucho más sentido recibir un tratamiento de una sola vez que no requiera tomar una pastilla todos los días o una inyección cada dos semanas durante los próximos 60 años”, afirmó Navar, quien no participó en el estudio. “El potencial de esto es enorme”.
Los hallazgos también son prometedores porque muchos pacientes de todas las edades olvidan tomar sus medicamentos diarios para controlar los niveles elevados de colesterol, señaló Navar: “A pesar de la gran cantidad de terapias disponibles, la mayoría de las personas no tiene sus niveles de LDL bajo control”.
Los investigadores estiman que solo la mitad de las personas toma sus medicamentos para el colesterol más del 80 % de las veces, y que entre el 33 % y el 50 % abandona el tratamiento con estatinas en el transcurso del primer año.
La idea de un tratamiento de edición genética surgió de una fuente inusual: una mutación genética en el gen ANGPTL3 (proteína similar a la angiopoyetina 3), responsable de regular el colesterol LDL y los triglicéridos.
En las personas con esta mutación genética —que, según los expertos, afecta a una de cada 250 personas en Estados Unidos—, una o ambas copias del gen ANGPTL3 están desactivadas. El resultado es sorprendente, indicó Laffin: niveles extremadamente bajos de colesterol LDL y triglicéridos durante toda la vida, sin consecuencias negativas aparentes. Poseer esta mutación también reduce drásticamente, o incluso elimina, el riesgo de padecer enfermedades cardíacas.
“Es una mutación natural que protege contra las enfermedades cardiovasculares”, afirmó Nissen, titular de la cátedra Lewis y Patricia Dickey de Medicina Cardiovascular en la Cleveland Clinic. “Y ahora que contamos con CRISPR, tenemos la capacidad de modificar los genes de otras personas para que ellas también puedan disfrutar de esta protección”.
En las personas con la mutación natural, todas las células del organismo presentan el gen ANGPTL3 desactivado. Sin embargo, la nueva terapia CRISPR-Cas9 se centra únicamente en el hígado, el órgano responsable de sintetizar triglicéridos y producir colesterol, además de eliminar el exceso de estos del torrente sanguíneo.
Esta focalización resulta tranquilizadora respecto a la seguridad a largo plazo del fármaco, señaló Nissen, ya que reduce la probabilidad de que se editen genes en otras partes del organismo.
En el estudio, un grupo de personas recibió una dosis mínima de 0,1 miligramos por kilogramo del fármaco basado en CRISPR, mientras que otros recibieron 0,3, 0,6, 0,7 y 0,8 miligramos por kilogramo, indicó Laffin.
Al realizarse las mediciones dos meses después de la infusión, las personas que recibieron la dosis más alta —0,8 miligramos por kilogramo— presentaron una disminución promedio del 55 % en los triglicéridos y una reducción cercana al 50 % en el colesterol LDL. Al cabo de un año, los niveles promedio de triglicéridos de estos participantes eran casi un 48 % más bajos y los niveles de colesterol habían descendido cerca de un 53 %.
Los medicamentos disponibles actualmente ya permiten reducir el colesterol LDL hasta los niveles observados en el estudio.
“De hecho, algunos fármacos son algo más potentes”, declaró anteriormente a CNN el Dr. Pradeep Natarajan, director de cardiología preventiva del Hospital General de Massachusetts y profesor asociado de medicina en la Facultad de Medicina de Harvard, en Boston.
Un nivel típico de LDL ronda los 100. Sin embargo, los cardiólogos pueden preferir que las personas con enfermedades cardíacas preexistentes, o aquellas con colesterol difícil de controlar de origen genético, reduzcan sus niveles de LDL a 40 o 50. Lograr esto mediante la dieta y el estilo de vida resulta muy difícil, señaló Natarajan, quien no participó en el estudio.
Según el estudio, los efectos secundarios del tratamiento inicial fueron mínimos; principalmente se observó irritación en los puntos de infusión. Una persona sufrió una hernia discal y otra presentó un aumento de enzimas que podría indicar daño hepático, aunque dichos niveles se normalizaron en un plazo de dos semanas.
No obstante, una persona falleció seis meses después de la infusión. “Él padecía una enfermedad cardiovascular extensa y avanzada, y recibió la dosis más pequeña —de 0,1—, una dosis que no produce ningún efecto”, señaló Nissen.
“No consideramos que su fallecimiento tenga implicación alguna para el estudio”, afirmó Nissen. “Además, la FDA ha recomendado realizar un seguimiento de estas personas durante 15 años tras la finalización de los ensayos para determinar si existen efectos adversos a largo plazo. Así se hará”.
También se observó una reducción del 20 % en el HDL (lipoproteína de alta densidad), conocido como “colesterol bueno”, tanto a los dos meses como al año de finalizar el tratamiento.
Actualmente se está llevando a cabo un nuevo ensayo clínico en Estados Unidos y Australia en el que hasta 40 personas están recibiendo la dosis más alta del tratamiento. Según Laffin, los resultados de este estudio permitirán precisar mejor las expectativas a largo plazo. Posteriormente, la investigación deberá avanzar hacia los ensayos clínicos de fase 2 y fase 3 y obtener la aprobación de la FDA antes de que el procedimiento pueda estar disponible de forma generalizada. Se trata de un proceso que a menudo puede llevar años.
“Uno de los resultados sorprendentes del estudio ha sido la respuesta del público, que pregunta si puede participar en estos ensayos clínicos”, señaló Laffin. “La gente llamaba a la Asociación Estadounidense del Corazón y a nosotros en la Cleveland Clinic; hay mucho entusiasmo. No sabíamos si los pacientes estarían dispuestos a someterse a un tratamiento genético, pero está claro que sí lo están”.
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