¿Qué son los dingos, los perros salvajes vinculados a la muerte de una canadiense en Australia?
Por CNN Español
El dingo es uno de los animales más reconocibles —y a la vez más incomprendidos— de Australia. Símbolo del interior salvaje del país, ha sido idealizado como emblema de la naturaleza indómita y, al mismo tiempo, señalado como una amenaza potencial para las personas. Esa tensión volvió al centro del debate tras la muerte, en enero de 2026, de una joven canadiense en K’gari —antes conocida como isla Fraser—, un hecho que las autoridades australianas investigan.
¿Qué es exactamente un dingo y qué riesgos implica su interacción con los humanos?
Los dingos —clasificados como Canis dingo o Canis lupus dingo, según el debate científico— no son perros domésticos asilvestrados en el sentido convencional. Investigaciones señalan que descienden de perros domésticos que llegaron a Australia hace miles años y que, tras volver a la vida silvestre, evolucionaron en aislamiento durante milenios.
Ese largo proceso dio lugar a un animal con rasgos físicos y conductuales propios, lo que explica que algunos científicos los consideren una especie independiente y otros, una subespecie del lobo gris. El debate sigue abierto.
Los dingos pesan entre 13 y 20 kilos y tienen un cuerpo esbelto, pecho profundo y hocico alargado. Sus orejas erguidas y puntiagudas les ayudan a disipar el calor en climas áridos. La mayoría presenta un pelaje rojizo o color arena, aunque también existen variantes negras con marcas canela y ejemplares blancos.
En K’gari, donde vive una de las poblaciones genéticamente más puras, predominan los dingos de pelaje rojizo con patas y punta de la cola blancas.
Los dingos habitan casi todo el territorio continental australiano —desde desiertos y praderas hasta bosques tropicales y zonas periurbanas—, con la única excepción de Tasmania. K’gari, frente a la costa de Queensland, es un caso particular: su aislamiento ha protegido la integridad genética de la población local.
Suelen vivir en pequeñas manadas familiares, aunque también cazan en solitario cuando la presa es pequeña. Son carnívoros oportunistas: su dieta incluye desde grandes marsupiales hasta reptiles, pequeños mamíferos y carroña.
Como principales depredadores terrestres del país, cumplen un rol ecológico clave al controlar poblaciones de herbívoros y de especies invasoras como zorros y gatos asilvestrados. Conservacionistas advierten que su eliminación puede provocar desequilibrios en los ecosistemas.
Para los pueblos indígenas, como la nación butchulla de K’gari, los dingos —conocidos como wangari— son parte esencial del territorio y de las historias del Tiempo del Sueño. Ancianos butchulla citados por medios locales sostienen que estos animales “han caminado junto a nosotros durante miles de años” y se oponen al sacrificio selectivo.
En el imaginario australiano moderno, sin embargo, el dingo también carga con una reputación oscura. El caso de Azaria Chamberlain, la bebé desaparecida en 1980, marcó a generaciones y reforzó el temor colectivo, un recuerdo que resurgió tras el incidente de 2026.
Los ataques fatales de dingos a personas son extremadamente raros. Antes de 2026, solo se habían confirmado dos probables en casi cinco décadas: el de Azaria Chamberlain y el de un niño de 9 años en K’gari en 2001. El caso reciente, aún bajo investigación, podría ser el primero que involucra a un adulto.
Las autoridades señalan que el principal factor de riesgo es la habituación de los dingos a la comida humana. Turistas que los alimentan o basura mal gestionada reducen su miedo natural, lo que incrementa los encuentros agresivos.
Tras el incidente de enero de 2026, el Gobierno de Queensland autorizó el sacrificio de varios dingos considerados de “alto riesgo”, una decisión criticada por líderes indígenas y ambientalistas. Paralelamente, se reforzaron campañas de educación, multas y medidas de control no letales para proteger tanto a las personas como a la especie.
Aunque los dingos están protegidos en parques nacionales de Queensland, su estatus legal varía en Australia: en algunas regiones se los considera fauna nativa y en otras, una plaga. A eso se suma la amenaza de la hibridación con perros domésticos, que pone en riesgo la pureza genética de la especie en el continente.
Por eso, K’gari se ha convertido en un punto clave para la conservación. Para muchos expertos, el desafío no es eliminar al dingo, sino aprender a convivir con él sin perder de vista su papel ecológico ni los riesgos reales que implica cruzar la línea entre la vida salvaje y la humana.
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Con información de Hilary Whiteman y Georgiana Ralphs, de CNN
