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Sus amigos y familiares creían saber casi todo sobre ella. Entonces, Antoinette Forbes desapareció

Por Chelsea Bailey y Dianne Gallagher, CNN

“¿Antoinette está contigo?”

Era el Día del Trabajo y la llamada a altas horas de la noche fue inesperada y un poco desconcertante, pero Elizabeth Northrup respondió de todos modos.

“No”, le dijo a su amiga por teléfono. “¿Por qué? ¿Qué está pasando?”

Hubo una breve pausa y luego escuchó: “Algo anda mal… La policía está en su casa”.

En cuestión de minutos, Northrup salió de su casa y subió al auto para recorrer el corto trayecto por Washington hasta la vivienda de una de sus amigas más cercanas. Mientras conducía, imaginó innumerables escenarios, pero lo que vio al girar hacia Nebraska Avenue hizo que lo peor pareciera posible.

Patrullas policiales con las luces intermitentes encendidas. Vecinos confundidos que deambulaban por la acera. Agentes dentro de la pintoresca casa de su amiga, pasando frente al gran ventanal.

Finalmente, una amiga le contó lo que la policía no le había dicho: la puerta principal estaba sin llave. La billetera, los teléfonos, la computadora portátil de Antoinette y su perro, Max, estaban dentro de la casa. Su auto seguía estacionado en la entrada.

Pero Antoinette Forbes y su hijo de 10 años parecían haber desaparecido.

¿Cómo era posible, pensó Northrup, que su amiga de casi tres décadas, una madre dedicada de 53 años y ejecutiva de comunicaciones en una de las compañías farmacéuticas más grandes del país, simplemente se hubiera esfumado?

Aunque pronto se confirmaría que su hijo estaba a salvo, en apenas unas horas los amigos y familiares de Antoinette quedarían conmocionados no solo por su desaparición, sino también por una revelación sorprendente.

Pero en ese momento, mientras la preocupación la mantenía inmóvil en la acera y las luces de la policía creaban una escena inquietante, Northrup no dejaba de hacerse la misma pregunta:

¿Qué podría haberle pasado a Antoinette?

Las hermanas Forbes fueron criadas para ser mujeres fuertes e independientes.

Inspiradas por su madre, quien emigró a Estados Unidos desde Filipinas y se convirtió en médica, Aileen Forbes dijo que su hermana menor siempre había combinado su capacidad académica con la curiosidad y la compasión.

“Así era mi hermana”, dijo Forbes. “Creo que siempre quiso abrirse camino por su cuenta”.

Después de graduarse de la Universidad de Cornell con títulos en Literatura Inglesa y Bioquímica, se mudó a Washington. Era la década de 1990 y, según su hermana, Antoinette se sintió atraída por el ambiente de optimismo político y cambio que había traído consigo el Gobierno de Clinton.

Consiguió un empleo en la firma de relaciones públicas Porter Novelli, y fue allí donde conoció a las mujeres que se convertirían en su familia elegida. Durante aquellos primeros años de la vida adulta, forjaron vínculos compartiendo los éxitos laborales y las dificultades económicas. Sus amigas coinciden en que Antoinette, que medía apenas 1,57 metros, siempre fue generosa, de carácter fuerte y divertida.

“Siempre organizábamos esas cenas de cumpleaños en las que nos dábamos un lujo”, recordó Holly Wetzel. “Ahorrábamos para ir a lugares realmente buenos y gastar muchísimo más de la cuenta”.

“¡Dinero que no teníamos!”, intervino Northrup.

Y entonces soltaban carcajadas al recordar cómo Antoinette guardaba en su bolso las sobras de comida y el pan que se llevaba para el camino.

En una ciudad conocida por el constante ir y venir de sus habitantes, las amigas desafiaron las probabilidades al echar raíces y crecer juntas. Hubo viajes de amigas a Europa y clases de golf después del trabajo; hubo novios que se convirtieron en esposos y, con el tiempo, llegaron las primeras casas y los hijos.

La carrera de Antoinette tuvo un ascenso meteórico. Aprendió a aprovechar su pasión por la ciencia para desarrollar una carrera en comunicaciones y asesoramiento a ejecutivos.

Con el tiempo, el grupo se amplió para incluir a Rachel Clark, colega y amiga de Antoinette. La describió como el tipo de persona que organiza turnos para llevar comida a compañeros de trabajo enfermos y guarda la cuna de su hijo por si Clark pudiera necesitarla algún día.

“Ella fue mi referencia para la adopción”, contó Clark, al recordar una conversación decisiva en 2021, cuando Antoinette la convenció de no renunciar a su sueño de convertirse en madre.

“De hecho, recibimos la llamada (para adoptar a nuestra hija) ese fin de semana”, dijo Clark. “Así que siempre se atribuía el mérito de haberlo manifestado para que sucediera según su plan”.

A pesar de su éxito profesional, sus amigos y familiares coincidían en que Antoinette siempre sentía que le faltaba algo.

“Por muy importante que fuera su carrera para ella, sabía que no era suficiente”, dijo Aileen Forbes. “Quería algo más allá de eso… quería formar una familia”.

Pero las relaciones y las circunstancias nunca parecían coincidir en el momento adecuado, hasta que conoció a Russell Ashford.

Casi todos describen a Russell de la misma manera: es encantador.

Wetzel recordó haberlo conocido por primera vez mientras tomaban algo en Georgetown. Su primera impresión fue: “Ah, me alegra que haya encontrado a este hombre… Parece que se gustan”.

“No vi señales de alerta”, dijo al recordar cómo se sentía en aquel momento. Sus amigas coincidieron.

Russell Ashford sirvió en las Fuerzas Armadas durante más de 20 años. Los registros muestran que alcanzó el rango de comandante y se retiró como oficial de inteligencia condecorado.

“(Antoinette y) Russell no llevaban mucho tiempo saliendo cuando ella quedó embarazada”, dijo Northrup.

Era 2015. Antoinette tenía poco más de 40 años y Russell era más de una década mayor, pero, según sus amigas, la pareja parecía recibir con entusiasmo la oportunidad de tener un bebé.

Aun así, mantuvieron viviendas separadas. Y después del nacimiento de su hijo, fue Wetzel quien llevó a Antoinette y al recién nacido del hospital a casa.

“Verla pasar por eso y enfrentar los miedos que tenía… llevar a un bebé a casa por su cuenta”, recordó. “No tenía a su pareja allí, como todas nosotras”.

Pero, con el tiempo, Antoinette floreció como madre.

“Creo que le dio un propósito más allá de su carrera”, dijo Wetzel. “Ese amor por (su hijo) le enseñó a amar de una manera completamente nueva, algo que nunca antes había experimentado. Quiero decir, nadie lo experimenta hasta que tiene hijos”.

Russell tiene tres hijos adultos de un matrimonio anterior, y Northrup dijo que tardó algún tiempo en contarle a su familia sobre su hijo recién nacido, una decisión que no les cayó bien a las amigas de Antoinette.

La pareja siguió viviendo por separado después de que Antoinette vendiera su apartamento. Ella y su hijo se mudaron a casa de Northrup mientras buscaba una vivienda más grande.

“Aceptó mi ofrecimiento muy rápido”, dijo. “Realmente tuve la oportunidad de ver a (su hijo) cuando era un bebé y de formar parte, aunque fuera un poco, de esa red de apoyo que me habría gustado tener”.

Pero Northrup le confesó a su esposo que no sentía que Russell fuera una pareja que apoyara a Antoinette. Y aunque quería ser sincera con su amiga sobre sus preocupaciones, dijo que se contuvo.

“Si alguna vez hubiera habido un momento en el que ella me hubiera dicho: ‘Quiero que conozcas mejor a (Russell)’, o algo así, por supuesto… pero… él tenía muy poco interés en conocer a sus amigas”, dijo.

“No creo que alguna vez… haya valorado a la mujer que era, a la persona que era, a la madre que era, a la amiga que era”.

Amigos y familiares coinciden en que Russell estaba presente en sus vidas, pero Antoinette, en la práctica, criaba a su hijo como madre soltera.

“Ella había terminado la relación con Russell durante la pandemia de covid-19”, recordó Aileen, quien vivía con su hermana en ese momento. Después de la ruptura, Antoinette les pidió a sus familiares que bloquearan a Russell.

“En algún momento me dijo que tenía la custodia total, la custodia legal de mi sobrino, pero nunca me contó las circunstancias”, dijo su hermana.

La policía ya había acudido antes a la casa de Antoinette.

El 9 de junio de 2021, los agentes respondieron a una denuncia de violencia doméstica en Chevy Chase, Maryland, según los registros judiciales. Un vecino condujo a un agente al interior de la vivienda, donde encontraron a Antoinette, quien había recibido una brutal golpiza y “perdía y recuperaba el conocimiento”.

Había un charco de sangre en el suelo, según muestran los registros policiales.

Russell y Antoinette llevaban horas discutiendo, dijo el vecino a la policía. En un momento dado, el hijo de 5 años de la pareja salió de la casa y los vecinos, preocupados, lo animaron a sentarse con ellos en el porche de la vivienda contigua mientras la discusión continuaba.

Durante una pausa en la discusión, la pareja llevó a su hijo de regreso al interior de la casa, pero luego las cosas comenzaron a intensificarse nuevamente. Poco después, el vecino dijo a la policía que “escuchó a Forbes gritar desde la cocina de la casa”, por lo que decidió acercarse para “intentar calmar las cosas”.

Entonces creyó escuchar un golpe sordo al otro lado de la puerta.

Al entrar, encontró a “Ashford golpeando con los puños cerrados a Forbes, que yacía inmóvil”, según muestran los registros policiales.

El vecino le gritó a Russell que se detuviera, y él lo hizo. Luego recogió sus cosas y se marchó.

Cuando los agentes le preguntaron más tarde a Russell qué había ocurrido, les dijo que “acababa de golpear a su ex”. Cuando le preguntaron por qué, respondió que “no lo sabía y que había perdido el conocimiento”.

Antoinette fue trasladada a un hospital cercano, donde le diagnosticaron una conmoción cerebral, una fractura en un dedo y múltiples lesiones en el rostro y los ojos.

Russell fue arrestado.

Más tarde, Antoinette le diría a un juez que había sufrido abusos físicos y emocionales durante años.

Y, como innumerables sobrevivientes, decidió mantener esa lucha en privado, lejos de las personas que más amaba. Después de la agresión de 2021, les dijo a sus amigas que se había lesionado al caerse de un monopatín mientras jugaba con su hijo.

En aquel momento, cada una de sus amigas tenía sus propias dudas sobre esa explicación, pero, dada la sensibilidad del tema, no insistieron para que les contara más.

Nunca se lo contó a su familia.

“Solo recuerdo que tuvo la mandíbula inmovilizada con alambres durante muchísimo tiempo”, dijo Clark. “Le envié sopas y todo lo que pudiera consumir con una pajilla”.

A veces parecía que Antoinette quería contar más, añadió Clark, pero percibía que se estaba conteniendo.

“En cualquier conversación durante ese período, yo solo pensaba: ‘¿Dónde está mi amiga?’”.

Finalmente, Russell se declaró culpable de agresión en primer grado.

Durante el proceso de sentencia, colegas y familiares presentaron declaraciones sobre el carácter del hombre al que muchos llamaban “Russ”.

Lo describieron como un solicitado oficial de inteligencia militar, una “persona de principios, con una gran integridad ética y moral”, alguien que tenía “buen criterio en situaciones difíciles” y era un “pilar de amor y apoyo para su familia”.

Su exesposa lo calificó de “dedicado” y dijo que “siempre había sido un gran padre y una persona amable y gentil”.

Un marcado contraste con el hombre que Antoinette llegó a conocer.

La fiscalía solicitó una pena máxima de 25 años de prisión, con suspensión de toda la condena excepto cuatro años, debido a la gravedad de las lesiones de Antoinette y al hecho de que la agresión ocurrió frente a un niño.

El juez asociado David Lease, del Tribunal de Circuito del condado de Montgomery, impuso una condena de 15 años de prisión, pero suspendió más de 14 años, en parte debido al servicio militar de Russell y sus antecedentes de trastorno de estrés postraumático.

Russell fue condenado a nueve meses de cárcel antes de quedar en libertad condicional en 2022.

Como condición de su libertad condicional, se le ordenó no mantener ningún contacto hostil con Antoinette ni con su hijo. También debía completar un programa de asesoramiento sobre violencia doméstica y someterse a una evaluación de salud mental.

Un acuerdo de custodia contemplaba que Russell pudiera visitar a su hijo sin supervisión los fines de semana, realizar llamadas programadas por FaceTime, pasar tiempo juntos durante las vacaciones de verano y tener visitas adicionales a discreción de Antoinette.

Pero, con el tiempo, ella comenzó a expresar preocupaciones a través de sus abogados.

En julio, Antoinette y Russell comparecieron ante un tribunal para una audiencia sobre una moción destinada a anular la declaración de culpabilidad de Russell en el caso de agresión y poner fin a su libertad condicional.

Los abogados de ambas partes coincidieron en que la custodia compartida había generado momentos críticos en los que aumentaban las tensiones y las emociones.

Sin embargo, el abogado de Antoinette dijo al juez que, en ocasiones, Russell parecía estar “poniendo a prueba los límites” al entrar repetidamente en la casa de Antoinette y enviar comunicaciones no solicitadas a la escuela de su hijo y a las amigas de ella.

Estas conductas constituían “contacto hostil” y una violación de su libertad condicional, afirmó.

El abogado de Russell respondió que las quejas nunca se habían documentado ante un agente de libertad condicional ni ante el tribunal, y señaló que su cliente no había cometido ningún otro delito mientras estaba en libertad condicional.

Cuando tuvo la oportunidad de dirigirse al juez, Russell dijo que, desde su salida de la cárcel, había atravesado una “odisea de dificultades que lo llevaron a una profunda reflexión personal” y que había aceptado que cometió un delito contra Antoinette.

“No hay excusa para que haya perdido el control”, dijo.

Luego pidió al juez que eliminara sus antecedentes penales para poder recuperar su autorización de seguridad y volver a trabajar como consultor para la comunidad de inteligencia.

Cuando Antoinette habló, su voz fue clara y firme.

Reconoció que en ocasiones había permitido que Russell entrara en su casa porque “eso le muestra a nuestro hijo cierto grado de cordialidad”. Pero dijo al tribunal que “las lesiones que sufrí por su agresión hace tantos años son permanentes”.

“Me han operado tres veces este ojo… y todavía no puedo ver bien. Tengo una placa de titanio en la mejilla que se supone que no debería poder sentir, pero la siento. Tengo tornillos en la mandíbula y en los dientes”, dijo.

“Me considero una mujer fuerte. Pero… cuando sientes la presencia física de alguien tan grande como Russell… se crea una situación intimidante en la que, a veces, sí siento miedo”.

El juez Lease, el mismo que originalmente había condenado a Russell, concedió la solicitud de la defensa de aplicar una medida de “libertad condicional antes de dictar sentencia”, lo que en la práctica eliminó del registro público su declaración original de culpabilidad y su condena.

Sin embargo, rechazó la solicitud de Russell de poner fin anticipadamente a su libertad condicional y volvió a ordenarle que no mantuviera ningún contacto hostil con Antoinette ni con su hijo.

“Este es un caso difícil para el tribunal porque ambas partes han presentado argumentos muy convincentes”, dijo el juez. Russell renunció a su derecho a apelar la decisión.

La última vez que Aileen habló con su hermana fue el sábado por la mañana del fin de semana del Día del Trabajo.

Ambas habían planeado visitar a sus padres en Nueva York, y Aileen dijo que tuvo una breve llamada por FaceTime con su hermana para hablar sobre el viaje.

“No hubo nada fuera de lo común en esa conversación. Creo que mi sobrino estaba al fondo… el perro estaba al fondo… no había nada que me hiciera preocuparme esa mañana”.

Aileen comenzó a sentirse enferma al día siguiente y, para el lunes, había dado positivo por covid-19. Dijo que tiene problemas de salud preexistentes que podrían complicar la enfermedad, por lo que le envió un mensaje de texto a su hermana para avisarle.

“Sentía que ella era la persona que más me amaba en el mundo y que, por eso, si yo estaba enferma, se preocuparía y querría ayudarme a superar la enfermedad, apoyarme”, dijo.

Esta vez, cuando no recibió respuesta, comenzó a preocuparse. Después de llamar numerosas veces al teléfono de Antoinette sin obtener respuesta, Aileen se comunicó con los vecinos para pedirles que fueran a ver cómo estaba.

“Cuando nuestros amigos descubrieron que no estaba allí, supe de inmediato que algo andaba mal”.

Pero no se trataba solo de Antoinette: su hijo también parecía haber desaparecido. Más tarde, las autoridades supieron que estaba a salvo y con su padre en Pensilvania.

Cuando Aileen llegó a la ciudad al día siguiente, Northrup la recogió en la estación de tren y le entregó una pila de documentos judiciales.

Así fue como se enteró, con todo lujo de detalles, de que su hermana había sobrevivido a una agresión doméstica.

“Realmente no podía asimilarlo cuando lo leí por primera vez”, dijo. “Es indescriptible… incluso impensable… el hecho de que estuviera viviendo con una amenaza en su vida, que hubiera cargado sola con ese peligro durante tanto tiempo… Ni siquiera tengo palabras”.

Wetzel aprovechó su experiencia en relaciones públicas para coordinar entrevistas con medios locales y difundir la noticia de la desaparición de Antoinette.

Organizaron una vigilia en la iglesia de Antoinette.

Y casi una semana después de su desaparición, Russell presentó una petición de emergencia para obtener la custodia total de su hijo.

“Este asunto requiere una intervención judicial inmediata porque la madre se encuentra actualmente desaparecida y se desconoce su paradero”, señalaba el documento judicial, que adjuntaba como prueba la cobertura periodística de la desaparición de Antoinette.

“El menor se encuentra actualmente a salvo bajo el cuidado de (su padre) en Beaver, Pensilvania”.

Al día siguiente, Russell fue arrestado por una violación de su libertad condicional no relacionada con el caso y por cargos relacionados con armas de fuego. Actualmente se encuentra detenido en Pensilvania.

Russell no ha sido identificado como sospechoso ni como persona de interés en la desaparición de Antoinette, y las autoridades rechazaron la solicitud de CNN de hacer comentarios públicos sobre la investigación.

CNN también se comunicó con el abogado de Russell en Maryland, quien declinó hacer comentarios por el momento.

La investigación sobre la desaparición de Antoinette sigue en curso y, hasta ahora, nadie ha sido arrestado ni acusado.

A medida que los días se convierten en semanas sin señales de Antoinette, sus amigos y familiares dicen que también han comenzado a temer, en privado, que tal vez no regrese.

“Al principio había mucha adrenalina y (yo estaba) sostenida por mi fe y por la convicción de que íbamos a encontrarla y traerla a casa”, dijo Aileen.

“Estoy aquí tratando de unir las piezas y todavía intentando… mantener la esperanza por mi hermana. Pero, al mismo tiempo, también estoy tratando de asimilar estas verdades tan difíciles que estamos enfrentando”.

Aileen solicitó al tribunal la custodia de su sobrino.

En su petición, señaló que Russell había pasado aquel sábado con su hijo. Sin embargo, en lugar de denunciar la desaparición de Antoinette cuando intentó llevar al niño de regreso a casa, la petición alega que Russell “se fugó con el menor a Pensilvania”, en violación del acuerdo de custodia.

La ausencia de Antoinette ha dejado un vacío profundo y doloroso que sienten casi todos los que la conocen, pero especialmente su hijo. Los registros judiciales muestran, y Aileen lo confirma, que le han concedido la custodia temporal de su sobrino.

Aileen prefirió no hablar sobre cómo el niño está afrontando la desaparición de su madre y el arresto de su padre, por respeto a su privacidad y por su deseo de protegerlo.

En medio de la confusión y el dolor, su familia y sus amigos han intentado dejar algo absolutamente claro: Antoinette jamás abandonaría por voluntad propia a su hijo ni la vida que había construido.

“Nadie que conozca a Antoinette creería que hizo algo así”, dijo Aileen. “Es 100% imposible”.

La última vez que Antoinette y sus amigas estuvieron todas juntas fue durante la cena de cumpleaños de Northrup. Cuando la velada llegaba a su fin, Antoinette se levantó de la mesa y pagó discretamente la cuenta.

Fue un momento en el que todo parecía cerrar un círculo para un grupo de amigas que se habían acompañado a lo largo de tantos cambios en la vida. Pero no tenían forma de saber que Antoinette estaba ocultando activamente uno de los peores momentos de su vida.

“Si existiera algún mundo mágico en el que ella pudiera entrar por esa puerta ahora mismo, si algo bueno pudiera salir de todo esto, sería el hecho de que todas las personas de su vida que la conocen y la aman, y que ahora saben lo que ocurrió (con la agresión) en 2021, estarían allí para decirle: ‘No estás sola en esto’”, dijo Northrup.

“No tienes que ocultarlo. No hay nada que puedas hacer o decir que haga que alguna de nosotras deje de estar a tu lado”.

Mientras comenzaba a llorar, Clark completó la idea:

“No vamos a detenernos hasta traerla de vuelta a casa… Ella nunca se rendiría con nosotras, y nosotras no vamos a rendirnos con ella”.

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Con información de Alta Spells, de CNN.

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