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Por qué Estados Unidos se ha convertido en una base política para los aliados de Bolsonaro

Por Alessandra Freitas, CNN en Español

Tres días después de perder las elecciones presidenciales de Brasil del domingo, el senador Flávio Bolsonaro llegó a Miami, sumándose a otras figuras destacadas del movimiento bolsonarista que han buscado refugio en Estados Unidos mientras enfrentan problemas judiciales en su país.

Según los reportes, el candidato derrotado cruzó la frontera hacia Argentina el martes junto con su esposa y sus dos hijas, antes de abordar un avión privado que hizo escala en Ecuador y finalmente aterrizó en el sur de Florida. Su salida se produjo después de que una orden del Supremo Tribunal Federal, emitida al día siguiente de las elecciones, le exigiera entregar sus pasaportes y le prohibiera salir de Brasil. El juez Alexandre de Moraes, quien mantiene un largo historial de enfrentamientos judiciales con la familia Bolsonaro, dictó la medida al considerar que existía un “riesgo concreto” de fuga del senador.

Su mandato como senador termina el 31 de enero de 2027, por lo que quedará fuera de un cargo de elección popular por primera vez en 24 años.

Flávio está siendo investigado por presunto lavado de dinero relacionado con el financiamiento de Dark Horse, una película sobre su padre, el expresidente Jair Bolsonaro. También enfrenta una investigación por supuestos vínculos financieros con Willer Tomaz, un abogado, empresario y conocido suyo desde hace años, sospechoso de lavar dinero a través de empresas de apuestas. Tomaz viajó a Miami después de convertirse en blanco de otra investigación de la Policía Federal por descuentos fraudulentos en pagos de pensiones. Ambos niegan haber cometido irregularidades.

Tras llegar a Estados Unidos, Flávio difundió este miércoles un comunicado de tres páginas en el que se proclamó el “verdadero presidente electo de Brasil”, pese a haber perdido la segunda vuelta del domingo frente a Lula. Minutos más tarde, borró esa publicación y la reemplazó por otra en la que se presenta como “líder”. Reiteró sus acusaciones de fraude electoral, sin presentar pruebas, negó haber huido del país y prometió liderar la oposición brasileña desde Estados Unidos.

“Quiero dejarlo claro: no huí de Brasil, salí por el bien de Brasil”, escribió, presentándose como víctima de persecución política y agradeciendo al presidente estadounidense, Donald Trump, y al presidente argentino, Javier Milei, por su apoyo en sus planes para salir del país.

Pero Flávio no es la primera figura del bolsonarismo en buscar refugio en el exterior.

En Estados Unidos, Flávio se suma a una lista cada vez mayor de figuras destacadas del bolsonarismo que se han trasladado al país mientras enfrentan problemas judiciales en Brasil.

Su hermano Eduardo, exdiputado federal, se mudó a Estados Unidos a principios de 2025, alegando ser víctima de persecución política, y obtuvo la residencia permanente en julio. Desde entonces, el Supremo Tribunal Federal de Brasil lo condenó a cuatro años y dos meses de prisión por coacción en el curso de un proceso judicial, al determinar que presionó a funcionarios estadounidenses para que intervinieran contra los jueces encargados del caso por el intento de golpe de Estado que involucraba a su padre. Moraes ordenó su detención este mes.

El exdirector de inteligencia y exdiputado Alexandre Ramagem salió clandestinamente de Brasil a través de Guyana en septiembre de 2025, mientras el Supremo Tribunal Federal todavía lo juzgaba por su participación en el complot para revertir los resultados de las elecciones de 2022. Llegó a Estados Unidos el mismo día en que fue condenado. Las autoridades migratorias estadounidenses lo detuvieron en Florida en abril y lo liberaron dos días después. Sus aliados aseguran que solicitó asilo político.

Los comentaristas conservadores Allan dos Santos y Paulo Figueiredo también han establecido plataformas de comunicación en Estados Unidos mientras enfrentan disputas judiciales en Brasil.

Aunque sus situaciones son diferentes, estos casos muestran que Estados Unidos se ha convertido en algo más que un lugar de refugio para los aliados de Bolsonaro. También es una base de operaciones políticas, donde cuentan con aliados ideológicos, acceso a figuras influyentes del conservadurismo estadounidense y una red de simpatizantes brasileños.

“El exilio ya no es aislamiento”, dijo a CNN Teresa Cristina Schneider Marques, politóloga de la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul (PUCRS), que investiga el bolsonarismo en Estados Unidos como parte de un posdoctorado en la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ). “Con las redes sociales y los medios de comunicación, se ha convertido en una estrategia de proyección internacional y transnacional”.

Estados Unidos alberga la mayor comunidad brasileña en el exterior, con alrededor de dos millones de personas, según estimaciones del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil. Entre los brasileños que votan desde Estados Unidos ha predominado históricamente el apoyo a candidatos conservadores. Según datos electorales brasileños, los votantes residentes en ese país respaldaron al candidato de derecha en las segundas vueltas presidenciales de 2010, 2014, 2018 y 2022. Este año también apoyaron a Flávio, quien obtuvo casi el 63% de los votos válidos emitidos allí en la segunda vuelta del domingo.

Pero los vínculos van mucho más allá de las urnas. Las conexiones entre las élites conservadoras brasileñas y figuras políticas estadounidenses se profundizaron durante los mandatos simultáneos de Jair Bolsonaro y Donald Trump, cuyos movimientos comparten posiciones nacionalistas y socialmente conservadoras.

Después de que Bolsonaro perdiera las elecciones de 2022, miles de sus seguidores irrumpieron en el Congreso, el Supremo Tribunal Federal y el palacio presidencial de Brasil el 8 de enero de 2023, en un ataque que fue comparado con el asalto al Capitolio de Estados Unidos del 6 de enero de 2021. A medida que aumentaba la presión judicial, varias figuras destacadas de su movimiento se trasladaron a Estados Unidos.

Desde entonces, según Marques, el movimiento ha trabajado para conseguir que la sociedad estadounidense haga suya la causa bolsonarista, mediante una estrategia desarrollada en tres frentes.

El primero es Washington, donde los aliados del movimiento han buscado influir en la política estadounidense hacia Brasil. El segundo son los medios de comunicación: Eduardo Bolsonaro y Figueiredo, entre otros, han utilizado pódcasts estadounidenses, medios conservadores y redes sociales para sostener que la justicia brasileña persigue políticamente a la derecha.

El tercer frente es la diáspora brasileña.

“La diáspora desempeña un papel importante en la difusión de narrativas, pero también en su traducción”, explicó Marques. “No se trata solamente de traducirlas al inglés, sino también de adaptar los mensajes políticos para que conecten con el público estadounidense”.

Organizaciones como Yes Brasil, en Florida, y el Congresso Conservador Brasileiro, en Massachusetts, reúnen a simpatizantes, políticos brasileños y miembros de la comunidad inmigrante, y pueden actuar como intermediarias con sectores del conservadurismo estadounidense.

El resultado es una especie de división de tareas: las figuras más prominentes consiguen acceso a instituciones y aliados influyentes, mientras que los simpatizantes difunden el mensaje entre los estadounidenses y brasileños de su entorno.

El objetivo final es conseguir apoyo estadounidense y utilizarlo para presionar a las instituciones brasileñas, una táctica que los investigadores denominan “efecto bumerán”, mediante la cual los movimientos políticos recurren a aliados internacionales para influir en las decisiones de sus propios países.

Trump ha criticado reiteradamente a la justicia brasileña por su tratamiento de Jair Bolsonaro, quien fue condenado a más de 27 años de prisión por su participación en el complot golpista. Ese respaldo ha tenido consecuencias concretas. El año pasado, Trump impuso aranceles de hasta el 50% a productos brasileños, citando explícitamente el proceso judicial contra Bolsonaro, y su Gobierno sancionó a autoridades judiciales brasileñas.

Trump también ha cuestionado la legitimidad de las elecciones brasileñas, sin presentar pruebas de fraude, y ha señalado una decisión de última hora del Supremo Tribunal Federal de extender la votación dos horas, hasta las 7 p.m., después de que se reportaran problemas de transporte. Sin embargo, las autoridades electorales brasileñas afirman que solo se emitieron 34.393 votos después del horario de cierre original, a las 5 p.m., aproximadamente el 0,03% del total de votos emitidos y una cifra muy inferior a los 4,4 millones de votos que separaron a Lula de Flávio Bolsonaro. Trump calificó las elecciones de “muy extrañas”, aunque insistió en que no había tomado partido y añadió que “al padre lo trataron muy mal”.

Durante un acto de campaña en Texas el martes, Trump también comparó las elecciones brasileñas con sus reiteradas acusaciones de fraude electoral contra los demócratas en Estados Unidos.

Consultado el miércoles sobre la llegada de Flávio, Trump dijo a los periodistas: “Bueno, yo lo aprobaría. Creo que son buenas personas”. Un asesor de Trump dijo a CNN que el presidente autorizó personalmente la entrada de Flávio a Estados Unidos, mientras que funcionarios estadounidenses confirmaron que la administración emitiría visas para el senador y su familia.

No está claro qué tipo de visas recibieron ni si Flávio solicitará asilo político. La autorización para ingresar a Estados Unidos no significa que una persona reúna los requisitos para obtener asilo ni que esté protegida frente a una posible extradición.

Marques sostiene que, para Trump, acoger a aliados de Bolsonaro tiene un valor político: sus denuncias de persecución encajan en una narrativa compartida por sectores de la derecha internacional que presenta a los gobiernos de izquierda como autoritarios.

Conceder asilo implica, según la investigadora, acusar de manera implícita a otro país de persecución. “El Estado que acoge a alguien nunca lo hace gratis”, afirmó. “Lo hace porque también le interesa construir la narrativa de que el país de origen viola los derechos humanos, los derechos civiles y los derechos políticos”.

Sin embargo, Marques considera que esa narrativa es más difícil de sostener en el caso de Brasil que en el de Venezuela o Cuba. A su vez, esa protección tampoco es necesariamente permanente. Las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos se celebrarán la próxima semana y Trump no puede volver a postularse a la presidencia en 2028.

“Lula termina siendo una piedra en el zapato de la derecha global”, afirmó. La investigadora señala que el mandatario brasileño goza de respeto internacional y se sometió a la justicia cuando fue encarcelado en 2018, lo que dificulta presentarlo como un líder autoritario.

Su reelección también ha dado nuevos ánimos a líderes de izquierda en otros países, que ven su victoria, tras una serie de triunfos electorales de la derecha, como un posible punto de inflexión. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, por ejemplo, celebró la victoria de Lula como una fuente de inspiración de cara a las elecciones españolas del 29 de noviembre y declaró: “Lo que pasó en Brasil va a pasar en España. El regreso del progresismo global acaba de comenzar”.

Flávio obtuvo casi 60 millones de votos en la segunda vuelta del domingo, una muestra de la fuerza que conserva la derecha brasileña. Pero su repentina salida del país tomó por sorpresa incluso a su propio partido.

Rogério Marinho, el senador que coordinó la campaña presidencial de Flávio, dijo el martes que los dirigentes del partido no habían sido informados de sus planes de viaje.

Con Jair Bolsonaro cumpliendo su condena bajo arresto domiciliario y Flávio y Eduardo en el extranjero, algunos sectores de la derecha ya están considerando otras alternativas.

“Creo que es una jugada un poco arriesgada, sobre todo por la forma en que Flávio lo hizo”, afirmó Marques.

La investigadora considera que el exilio puede ser una estrategia política deliberada, pero señala una diferencia importante entre los dos hermanos: mientras Eduardo presentó su traslado a Estados Unidos como una decisión política, Flávio abandonó Brasil inmediatamente después de recibir una orden judicial que le prohibía salir del país, lo que alimentó la percepción de que huyó para evitar ser procesado.

“La forma en que se hizo elevó los costos de esa estrategia”, explicó.

Según Marques, el episodio podría dar a otros líderes conservadores la oportunidad de distanciarse de la familia Bolsonaro, aunque la derecha brasileña ha tenido dificultades para construir una identidad política independiente de Jair Bolsonaro.

“La gran pregunta ahora es hasta cuándo la derecha va a permitirse seguir vinculada al bolsonarismo”, afirmó.

La investigadora también considera difícil sostener dentro de Brasil la narrativa de persecución política, dado que los aliados del movimiento obtuvieron una amplia representación en el Congreso en las elecciones de este mes.

“Creo que es una narrativa muy frágil”, dijo, y añadió que “solo se va a construir porque le interesa a Trump”.

La presencia de Flávio y Eduardo en Estados Unidos podría fortalecer la influencia internacional de la familia. Pero también plantea una llamativa paradoja: las tres figuras más prominentes del movimiento intentan moldear el futuro político de Brasil mientras dos enfrentan riesgos judiciales si regresan al país y el tercero, Jair Bolsonaro, permanece bajo arresto domiciliario.

Marques prevé que la disputa podría trasladarse al escenario internacional. “Así como el bolsonarismo está intentando utilizar este efecto bumerán con la derecha, la izquierda también hará lo mismo”, afirmó. “Ahora la pregunta es hacia qué lado regresará el bumerán”.

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