Los demócratas cayeron en el juego de Trump al maniobrar para incluir a otro Dan Sullivan en la boleta de Alaska
Análisis por Stephen Collinson, CNN
Los demócratas de Alaska le dieron a Donald Trump exactamente lo que quería.
El presidente aprovechó la polémica desatada por un informe que indica que los demócratas aliados con la candidata al Senado Mary Peltola intentaron confundir a los votantes en su lucha contra el republicano Dan Sullivan, quien busca la reelección, al reclutar a un segundo candidato con el mismo nombre.
En una sombría temporada electoral para los republicanos, la revelación explosiva por el New York Times el miércoles creó una oportunidad única para desviar la atención, en el contexto de las elecciones intermedias, de de los pésimos índices de aprobación de Trump, los altos precios de la gasolina y la impopular guerra con Irán.
Si bien las supuestas maniobras electorales son reprobables e irrespetuosas con los votantes, no parecen ser ilegales según la evidencia disponible.
Además, los habitantes de Alaska, que en su momento votaron por la reelección de la senadora Lisa Murkowski escribiendo su nombre en la boleta tras su derrota en las primarias, son votantes experimentados que difícilmente se confundirán con un sistema de votación inusual que permite contiendas electorales con múltiples candidatos.
Pero Trump lleva años tejiendo falsas teorías conspirativas sobre el supuesto fraude electoral demócrata. Ahora, por fin, tiene elementos concretos para construir una narrativa manipuladora.
Y gane o pierda el verdadero Dan Sullivan, el presidente sin duda destacará las irregularidades en Alaska para afirmar que los demócratas son corruptos en todas partes, sobre todo si el Partido Republicano sufre una derrota estrepitosa el martes.
“Esto es fraude electoral del más alto nivel… no se puede permitir que este comportamiento en nuestras elecciones continúe”, escribió Trump en Truth Social, preparándose para el día de las elecciones, al tiempo que pedía que Peltola fuera “retirada de la boleta electoral y procesada”.
Funcionarios electorales de Alaska declararon el miércoles a CNN que la administración Trump no tiene ninguna intervención en la decisión de quiénes se postulan en las elecciones estatales. “La inclusión de candidatos en la boleta electoral es una cuestión de ley estatal, no federal”, afirmó el portavoz Sam Curtis.
Pero en política, a diferencia del derecho, la percepción ha sido durante mucho tiempo tan importante como la realidad. Trump lo entiende de forma más instintiva que cualquier otro presidente moderno.
La campaña de Peltola ha negado cualquier irregularidad en el reclutamiento del segundo Dan Sullivan. Y es probable que muchos demócratas consideren esas tácticas en Alaska como algo legítimo, e incluso como una prueba de que la coraje político de su partido, que había permanecido latente durante años, ha resurgido con fuerza.
Y, por supuesto, la indignación de Trump es bastante irónica. Al fin y al cabo, intentó invalidar las elecciones presidenciales de 2020, incluso con su petición de que los funcionarios electorales de Georgia “encontraran” suficientes votos para darle la victoria en ese estado clave.
Los republicanos, sin embargo, argumentarán que los demócratas —tras advertir que la democracia está bajo asedio por Trump— son unos hipócritas. Esto es inevitable en un clima político de confrontación política descarnada.
Los medios conservadores ya estaban hablando el miércoles por la noche sobre las supuestas “maniobras sucias” de los demócratas en Alaska.
Cualquier estratega novato podría intentar explotar la historia para enfurecer a los habitantes de Alaska y frenar el impulso de Peltola, tachar de ilegítima una posible victoria de la candidata y fomentar la idea de que todos los políticos son corruptos para que el largo historial de injerencias de Trump parezca algo habitual.
El senador Sullivan le dijo a Sean Hannity el miércoles por la noche en Fox News que ya era hora de que su oponente demócrata “aclarara lo ocurrido”.
“Ella es la corrupta que trabaja con operadores políticos de Washington para engañar a los habitantes de Alaska”, sostuvo el senador Sullivan. “Así que lo que vamos a hacer es asegurarnos de que todos y cada uno de los habitantes de Alaska sepan esto”.
Las artimañas electorales forman parte de la historia política estadounidense desde la encarnizada campaña de Thomas Jefferson contra el presidente John Adams en 1800. Pero esta década ha sido devastadora para la fe en la democracia estadounidense.
Las falsas afirmaciones de Trump de que le robaron el poder en 2020 se convirtieron en la base de su exitosa candidatura presidencial de 2024, lo que sugiere que muchos de sus millones de seguidores creyeron en sus falsas teorías conspirativas.
Los funcionarios designados por Trump aún deben mantener la farsa de que el presidente Joe Biden no ganó esas elecciones.
Y el presidente recurre a sus artimañas habituales a pocos días de los comicios, declarando que solo reconocerá el resultado de las elecciones intermedias si las considera justas.
Un nuevo golpe a la confianza en el sistema electoral parece inevitable si los republicanos pierden sus mayorías en el Congreso y Trump alega fraude para salvar las apariencias. Y si los demócratas jugaron sucio en Alaska, también tendrán parte de la culpa.
Existen cuestiones más inmediatas que se irán desarrollando antes y después del día de las elecciones.
- ¿De verdad los habitantes de Alaska se van a confundir con un dúo de Dan Sullivans?
- ¿Se corre el riesgo de que una victoria demócrata en una contienda que podría ser crucial para el futuro del Senado termine siendo anulada por cualquier proceso legal iniciado por la administración, la campaña de Sullivan u otros?
- ¿Lograrán las revelaciones de los últimos días cambiar la opinión de suficientes votantes como para transformar la contienda electoral?
La idea de que a los habitantes de Alaska les costaría distinguir a los dos Dan Sullivan quedó desmentida por un fallo de la Corte Suprema estatal en junio que rechazó la solicitud de eliminar a Daniel J. Sullivan, un profesor jubilado, de la boleta electoral, en la que también figuraba el senador Dan S. Sullivan.
Además, la papeleta identifica claramente a este último como el senador republicano en ejercicio.
Mientras tanto, algunos expertos creen que el sistema de votación por orden de preferencia de Alaska, contra el cual Trump ha arremetido con frecuencia, terminaría por canalizar los votos destinados al senador Dan Sullivan hacia su legítimo destinatario de todos modos.
El revuelo causado por el artículo del New York Times y la cobertura informativa posterior hacen aún menos probable que los votantes se sientan confundidos por su papeleta de votación.
¿Y qué ocurre entonces con la cuestión legal?
El Departamento de Justicia, siguiendo órdenes de Trump, ya había presentado una demanda para bloquear la certificación del resultado del Senado en Alaska en caso de que el senador Sullivan perdiera, a pesar de que la Constitución no otorga al Gobierno federal ni al presidente ningún papel en la administración de las elecciones estatales.
El secretario de Justicia Todd Blanche esgrimió este miércoles rápidamente el informe del New York Times para anunciar una intensificación de la batalla legal.
Al ser preguntado en Fox News sobre si la controversia entre candidatos en Alaska era ilegal, respondió: “Sin duda debería serlo. Por eso hay una investigación y por eso están interviniendo las fuerzas del orden.
Pero no se procesa a las personas por algo que “debería ser” ilegal y no lo es. Si una investigación revela actividades ilícitas en la contienda, habrá motivos para iniciar un proceso legal conforme a las leyes estatales o federales vigentes.
Sin embargo, según las pruebas actuales, hasta el momento no hay indicios de que esto sea aplicable en este caso.
“No cabe duda de que esto es sumamente torpe y vergonzoso para la campaña de Peltola desde el punto de vista político”, declaró Ben Ginsberg, reconocido abogado electoral, a Kasie Hunt de CNN el miércoles. “Pero no hay ninguna ilegalidad. Y para bien o para mal, y de hecho para mal, inventar candidatos fantasmas algo que probablemente ambos partidos han hecho”.
Pero las escasas probabilidades nunca han detenido los impugnaciones y recursos judiciales de Trump. El senador Sullivan tiene derecho a cualquier recurso legal conforme a las leyes electorales.
Sin embargo, el presidente tiene una particular habilidad para interponer demandas frívolas con el fin de retrasar consecuencias indeseables. Si los votantes le dan un revés en las elecciones intermedias, el asunto de Alaska seguramente se prolongará indefinidamente.
Ginsberg no descartó por completo el extraordinario escenario de una impugnación a cualquier victoria de Peltola cuando los nuevos senadores asuman sus cargos en el nuevo Congreso el próximo año. Esto avivaría el caos y envenenaría aún más un Capitolio ya de por sí tóxico.
Pero la conducta de Trump en 2020 demuestra que podría estar dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias. Y si el escaño de Alaska, actualmente en manos republicanas, decidiera quién controla el Senado —un escenario plausible—, no es difícil imaginar que podría estallar el caos.
Algunos demócratas podrían cuestionar la supuesta búsqueda masiva de candidatos llamados Dan Sullivan, que ahora ensombrece el desenlace de una contienda en la que Peltola parece estar bien posicionada. En una encuesta del New York Times/Siena publicada el sábado, la demócrata aventajaba a Sullivan por un 51% frente a un 45%.
Pero ahora los republicanos tienen un nuevo y sencillo argumento de campaña: los demócratas no pueden ganar unas elecciones justas. “Intentan confundir a los votantes, intentan hacer trampa porque saben que su programa político simplemente no funciona para la gente de Alaska”, declaró Bryan Lanza, exasesor de Trump, exponiendo con facilidad esta idea en el programa “The Lead with Jake Tapper” el miércoles.
Es difícil predecir en tiempo real cómo este nuevo giro en el caso de los dos Dan Sullivans influirá en las últimas horas de la reñida campaña. Parece improbable que un gran número de votantes cambie repentinamente sus preferencias.
Pero los habitantes de Alaska podrían dar un resultado inequívoco, y de ellos depende decidir a quién quieren como su senador junior. En una democracia, especialmente en una tan recientemente puesta a prueba y maltratada como la estadounidense, así es precisamente como debería ser.
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