La ruptura económica de Canadá con EE.UU. en 5 gráficos
Por Soph Warnes y Elisabeth Buchwald, CNN
Durante décadas, Estados Unidos y Canadá trabajaron para construir una de las asociaciones económicas más estrechas del mundo, con cadenas de suministro, empresas y un comercio cada vez más entrelazados.
Pero ahora que ambos países inmersos en una guerra comercial, Canadá está dando un paso drástico para reducir su dependencia de Estados Unidos. El país está forjando vínculos económicos más estrechos con la Unión Europea y se encamina a convertirse en su primer “miembro asociado” de la historia.
“La integración económica se está utilizando ahora como un arma, y los aranceles se emplean como un medio de presión”, afirmó el primer ministro canadiense, Mark Carney, durante una intervención ante los legisladores de la UE el mes pasado.
Carney se refería a la intensificación de la guerra comercial emprendida por el presidente Donald Trump contra Canadá. Durante el verano, Trump impuso aranceles del 50% a productos canadienses por un valor aproximado de US$ 20.000 millones y, en algunos casos, llegó a establecer prohibiciones totales a la importación. Canadá respondió aplicando aranceles equivalentes y ha prometido hacer lo mismo ante cualquier medida futura. Es probable que los próximos datos muestren una caída en el comercio entre ambas naciones como consecuencia de esta situación.
No está claro qué forma podría adoptar la asociación entre la UE y Canadá, ni siquiera si llegará a materializarse, dado que representantes de Alemania y Francia —países clave de la Unión Europea— han expresado su oposición. Asimismo, Carney ha enfrentado críticas por parte de funcionarios canadienses, quienes consideran que esta iniciativa compromete la soberanía de Canadá.
Sin embargo, esto no ha detenido a Carney ni a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. El jueves, ambos invitaron a otros países a sumarse a una iniciativa que han denominado “Alianza para el Futuro”.
“En un mundo de rivalidades crecientes, la soberanía y la independencia ya no se limitan a la libertad de actuar en solitario; consisten, más bien, en la capacidad de actuar de manera conjunta”, señaló Von der Leyen el jueves, durante su intervención en la cumbre entre Canadá y la UE que se celebra esta semana en Montreal.
“Por eso construiremos una alianza para el futuro”, afirmó. “Y empezamos con Canadá”.
Se han revelado pocos detalles sobre cómo sería la asociación de Canadá con la UE; no obstante, a principios de esta semana Carney indicó que aprovecharía la cumbre para definir con mayor precisión los próximos pasos a seguir. Y, si bien las rupturas comerciales con Estados Unidos fueron el detonante de la iniciativa de Carney ante la UE, el impacto de la guerra comercial con EE.UU. no se ha limitado al ámbito comercial. Desde las vacaciones hasta las inversiones, así es como se manifiestan las repercusiones en ambas economías.
Si bien los aranceles de Trump sobre los productos canadienses y las medidas de represalia de Carney contra los productos estadounidenses durante el verano probablemente lastraron el comercio, estos no son más que el último capítulo de un declive más amplio en el intercambio comercial entre ambos países.
El valor total del comercio entre Estados Unidos y Canadá ha disminuido desde 2022. De esos tres años, la mayor caída anual se produjo el año pasado, cuando Trump impuso aranceles del 50% al acero y al aluminio, dos de los principales productos que Estados Unidos importa de Canadá.
Canadá destina a Estados Unidos la menor proporción de sus exportaciones en casi 30 años.
La mayor parte de las exportaciones canadienses —históricamente entre el 70% y el 80%— tiene como destino Estados Unidos.
Si bien Estados Unidos sigue siendo, con diferencia, el mayor mercado de exportación para Canadá, su participación en las exportaciones canadienses ha disminuido drásticamente desde el regreso de Trump al poder, lo que refleja una mayor incertidumbre comercial, según un informe publicado el año pasado por la Oficina del Economista Jefe de Asuntos Globales de Canadá.
Durante este periodo, Canadá aumentó considerablemente sus exportaciones a Europa y Asia Central, en un intento por reducir su dependencia del mercado estadounidense.
En una declaración realizada el jueves, al presentar una iniciativa titulada “El plan para un Canadá más fuerte”, Carney señaló que este cambio tiene como objetivo “generar mayor seguridad y prosperidad para los canadienses”.
Además del ámbito comercial, la iniciativa busca fortalecer la defensa nacional y reforzar la seguridad pública.
El sector de las bebidas alcohólicas fue uno de los primeros en verse afectado.
Aunque el comercio de bebidas alcohólicas representa una parte relativamente pequeña del intercambio entre ambos países, se ha convertido en uno de los símbolos más evidentes del deterioro de su relación económica.
En marzo de 2025, los organismos provinciales encargados de la venta de alcohol en todo Canadá retiraron los productos estadounidenses de sus estanterías. Los clientes que acudían a las tiendas estatales se encontraban con estantes vacíos y carteles que decían: “COMPRE PRODUCTOS CANADIENSES”.
Las consecuencias se reflejaron de inmediato en los datos comerciales: las exportaciones de bebidas alcohólicas de Estados Unidos a Canadá se desplomaron y han permanecido muy por debajo de los niveles anteriores.
Las bebidas espirituosas estadounidenses se vieron especialmente afectadas. Según el Distilled Spirits Council, las exportaciones a Canadá cayeron a un mínimo histórico de US$ 9,7 millones en el segundo trimestre de 2025, para luego recuperarse y superar los US$ 20 millones tanto en el tercer como en el cuarto trimestre.
Desde entonces, las represalias han sido mutuas. El mes pasado, Trump impuso una prohibición a la mayoría de las bebidas alcohólicas canadienses enviadas a Estados Unidos.
Los canadienses están pasando menos tiempo —y gastando menos dinero— en Estados Unidos.
Trump ha planteado en repetidas ocasiones la idea de convertir a Canadá en el estado número 51, lo que ha provocado la indignación de muchos canadienses. Recientemente, avivó aún más las tensiones al rebautizar el lago Ontario como “lago Canadá”.
El rechazo de los canadienses hacia Trump se ha hecho evidente en los datos sobre viajes.
Las visitas de canadienses a Estados Unidos alcanzaron un máximo de casi 80 millones a principios de la década de 1990, para luego estabilizarse en torno a los 40 millones anuales en las décadas siguientes. En 2025, las visitas a Estados Unidos cayeron a 29,1 millones —la cifra más baja, excluyendo el periodo de la pandemia, desde que comenzaron los registros en 1972—, según Statistics Canada.
Este descenso está afectando a las empresas estadounidenses. Los canadienses gastaron US$ 16.100 millones en Estados Unidos en 2024, según Statistics Canada. Sin embargo, esa cifra se redujo a US$ 13.400 millones en 2025, lo que supone una caída de US$ 2.700 millones en un solo año.
Los inversores canadienses protagonizaron una retirada récord de las acciones estadounidenses.
Tras haber invertido 78.100 millones de dólares canadienses (unos US$ 56.000 millones) en acciones de Estados Unidos durante el primer semestre de 2026, los inversores canadienses cambiaron bruscamente de rumbo en julio, vendiendo una cifra récord de 31.000 millones de dólares canadienses (unos US$ 22.000 millones), según Statistics Canada.
La oleada de ventas se concentró en acciones de grandes empresas tecnológicas estadounidenses. Esto ocurrió mientras el S&P 500 registraba un ligero descenso en julio, tras haber acumulado importantes ganancias a principios de año.
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