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Le pidió a una desconocida en internet que fuera su guía turística por Europa. Luego se enamoraron

Por Francesca Street, CNN

Los viajes anteriores de Hank Nuwer a Europa no habían salido según lo planeado.

En una ocasión, en Bruselas, se hospedó en un “barrio terrible” y luego intentó conducir, se perdió y tuvo dificultades para orientarse en un laberinto de callejones.

“Me detuvo la policía tres veces”, recuerda.

Un intento distinto de visitar Polonia, la tierra de sus antepasados, fracasó antes incluso de comenzar.

“Cometí muchos errores y ni siquiera llegué”, cuenta Hank a CNN Travel. “Arruiné por completo ese primer intento planeado, perdí varios depósitos no reembolsables y casi renuncio a ese sueño y a la visita a Bélgica, que no fue precisamente un éxito”.

Pero en 2015, ya en sus 50, Hank seguía soñando con conocer Polonia. Pensó que la solución a sus tropiezos como viajero era contar con un guía que lo ayudara a sortear las diferencias culturales, las barreras del idioma y a conectarse con su historia familiar.

“Esa era la idea: ver la Polonia de mi abuelo. Conmoverme con ello”, dice Hank.

El abuelo de Hank había emigrado a Estados Unidos a principios del siglo XX, cuando Polonia estaba gobernada por Rusia.

“Todo lo que sabía por mi abuelo sobre Polonia y la época rusa era que escaparon con balas volando por todas partes”, cuenta Hank.

Hank, que era profesor de periodismo en Indiana, llevaba algunos años intentando aprender polaco. En el proceso, había ampliado su red en LinkedIn con contactos polacos, conectando con personas interesantes y afines. Decidió revisar sus conexiones y buscar en Google para ver si podía encontrar a alguien que lo guiara por Varsovia.

Se puso en contacto con la contadora Małgorzata Wróblewska, conocida como Gosia, casi al azar. Resultó ser la candidata perfecta: había vivido toda su vida en la ciudad, al igual que su madre y su abuela materna antes que ella.

“Quería a alguien realmente involucrado con la ciudad para que se la mostrara desde dentro”, le dice Gosia a CNN Viajes.

“La elegí al azar”, dice Hank. “Y si hubiera dicho que no, probablemente le habría preguntado a otra persona”.

Gosia no respondió de inmediato. Cuando recibió el mensaje por primera vez, lo ignoró. No era guía turística profesional y la propuesta de Hank le pareció un poco extraña.

Pero al día siguiente volvió a pensar en el mensaje. Y al siguiente también. Había algo en la propuesta de este desconocido estadounidense que la intrigaba.

“Pensé: ‘Dios mío, tal vez solo estoy acostumbrada a hacer la misma rutina todos los días’”, recuerda.

Gosia, entonces en sus cuarenta y tantos, disfrutaba conocer gente nueva, pero su círculo social se había reducido mientras dedicaba gran parte de su tiempo libre a cuidar a sus padres mayores y enfermos. Esta era una oportunidad de interactuar con alguien nuevo y hacer algo diferente.

Aceptó mostrarle la ciudad al profesor estadounidense.

“Decidí: ‘Está bien, ¿por qué no?’”, dice.

Aunque Hank era un desconocido y su solicitud inusual, tenía suficiente presencia en internet como para tranquilizar a Gosia sobre su legitimidad.

Había aparecido en la televisión estadounidense en varias ocasiones hablando sobre su tema de especialidad: el acoso en universidades de EE.UU. Ha escrito tres libros al respecto, un tema que estudia desde mediados de la década de 1970.

Gosia reprodujo algunas de esas entrevistas y lo vio hablar, sintiéndose tranquila por su carisma cálido y su autoridad.

Comenzó a planear un recorrido completo de un día por Varsovia, asegurándose de que solo visitarían lugares públicos.

Cuando él bajó por las escaleras del lobby y vio a Gosia sonriendo y saludando con la mano, le tomó un momento darse cuenta de que ella era su guía turística. Y entonces se sintió inmediatamente cautivado. Fue algo así como amor a primera vista.

Hank y Gosia se conocieron por primera vez en el lobby del hotel de Hank en Varsovia. Mientras Gosia había visto varias entrevistas televisivas de Hank y lo reconoció al instante, Hank solo tenía la foto de perfil de LinkedIn de Gosia como referencia y era algo borrosa, poco clara.

“Me quedé impresionado, pero intentaba no demostrarlo”, recuerda.

Se dieron la mano y luego comenzaron a recorrer Varsovia. Gosia era amable, divertida, encantadora e informativa. Cuanto más hablaba, más intrigado se sentía Hank. Intentó ocultar sus sentimientos, preocupado por no parecer “un tipo raro”.

En cambio, se concentró en la emoción de explorar por fin Varsovia y seguir los pasos de su abuelo.

“Me llevó a todos los monumentos, vimos todo en la ciudad, caminamos por todas partes…”, recuerda Hank. “Fuimos a, ¿qué?, ¿tres museos distintos? Me mostró un mapa de Polonia, cómo cambió, cómo era cuando mi abuelo estaba allí”.

A diferencia de Hank, Gosia no sintió una chispa inmediata en el lobby del hotel. Pero a medida que avanzaba el día, le sorprendió lo cómoda que se sentía con ese desconocido estadounidense.

“Desde el principio tuvimos muy buena conversación”, dice. “En el primer día, ese día que pasamos en Varsovia, sentí que incluso el silencio no era un problema entre nosotros”.

Se sentía naturalmente a gusto en presencia de Hank. Parecían estar en la misma sintonía. No le preocupaba cómo se veía ni sentía la necesidad de llenar cada momento de silencio. Mientras tomaban tranvías y caminaban uno al lado del otro, a veces simplemente se miraban y sonreían. Admiraban las vistas juntos y luego se observaban mutuamente mientras contemplaban el paisaje urbano.

“A veces veíamos algo y solo nos mirábamos, viendo la reacción del otro”, dice Gosia. “Fue increíble”.

Hank también se sorprendió por esa sensación de comodidad.

“Hay un muro en Varsovia, el muro antiguo, y ambos estábamos sentados allí, y le conté algunas cosas sobre mí, mi pasado, y ella hizo lo mismo… Era una conversación que no tendrías con alguien en una primera cita”, dice.

Hank le contó a Gosia que era divorciado y tenía un hijo adulto. Ella dijo que nunca se había casado, pero tenía una hija adulta que vivía en el Reino Unido.

“No fue una conversación romántica, era más sobre quiénes éramos en ese momento”, reflexiona Hank.

Hank fue sincero con Gosia sobre los aspectos menos glamorosos de su vida. Aquellos que no se pueden ver en Google. Los que no se cuentan naturalmente cuando uno intenta impresionar a alguien.

“Hacía mucho, mucho, mucho tiempo que no salía con nadie”, dice Hank. “Tenía un perro loco. Lo llamábamos Dogzilla. Su verdadero nombre era Casey y era mi compañero constante. Levantaba pesas, corría con él. Y luego trabajaba. Esa era mi vida”.

A su vez, Gosia le confió a Hank cómo cuidaba de sus padres mayores y cómo su antes activa vida social había quedado en gran medida en pausa.

“Llegaba, les daba de cenar, los acostaba y luego iba al gimnasio. Y así todo el año, lo mismo”, recuerda.

Hank fue un oyente empático y pudo identificarse con las dificultades de Gosia.

“Mi mamá había muerto de Alzheimer no mucho antes”, dice. “Hablamos de verdad, de verdad”.

Al final de su día en Varsovia, Gosia y Hank se despidieron. Él iba a permanecer en la ciudad unos días más, pero Gosia pasaría el fin de semana de vacaciones en Portugal con su hija.

Se reencontraron al final del fin de semana y prometieron mantenerse como amigos. Ambos creían que cumplirían su palabra. Después de todo, Hank estaba fascinado con Gosia. Y a ella le había impresionado “cómo incluso el silencio era agradable” en su compañía.

Una vez que Hank regresó a Estados Unidos, él y Gosia comenzaron a intercambiar correos electrónicos. Luego empezaron a hacer llamadas ocasionales. Poco después, esas llamadas se volvieron diarias.

“Hablábamos todos los días”, dice Gosia. “Se convirtió en una rutina. Nos daba placer. Ambos esperábamos con ilusión esa conversación cada día”.

Pasaron unos meses y la comunicación aumentó en frecuencia y profundidad. Gosia y Hank se convirtieron en los confidentes más cercanos del otro. Hank empezó a pensar en cuánto le gustaría mostrarle a Gosia una parte del Medio Oeste estadounidense, dado que ella le había regalado un día tan maravilloso en su ciudad.

“Así que, como amigo, la invité a venir a Estados Unidos, a Chicago, para el Día de Acción de Gracias…”, cuenta.

“…Y cuando fui a Chicago para Acción de Gracias, nos dimos cuenta de que esto era algo más que una amistad”, dice Gosia.

La emoción y la alegría de volver a verse, sumadas a su constante comunicación durante el tiempo separados, hicieron que el potencial romántico se volviera casi inmediatamente evidente.

Hank recibió a Gosia con un beso en la mejilla y una tobillera que había elegido para ella. Ella le regaló unos sellos postales que había comprado en Grecia para añadir a su colección.

“No creo que uno pueda enamorarse a distancia; puedes sentirte atraído por alguien. Nuestro encuentro en Chicago, ese contacto directo, me hizo darme cuenta de que esta persona es mi pareja ideal”, dice Gosia. “El aroma, el tacto… Que la presencia de esta persona es importante para mí”.

Pasaron el día y la noche en Chicago, ambos cada vez más seguros de su conexión, pero sin expresar sus sentimientos. Al día siguiente, viajaron al Parque Estatal Starved Rock. La conexión empezó a sentirse inevitable.

“En Starved Rock lo pasamos de maravilla y hablamos y hablamos mientras caminábamos durante kilómetros. Cociné para ella en la cabaña”, recuerda Hank.

Habían reservado dos cabañas, pero al final cancelaron una.

“Dijimos: ‘¿Podemos quedarnos con una sola habitación? Las cosas cambiaron’. Fue gracioso, vergonzoso, pero gracioso”, dice Hank. “No podía creer que esto estuviera pasando. Por la mañana, fuimos a un restaurante en una cabaña de troncos y nos tomamos de la mano mientras esperábamos al mesero. Atesoraré ese recuerdo para siempre”.

Los dos regresaron a Chicago para la última noche y celebrar Acción de Gracias, cancelando su segunda habitación en el histórico Drake Hotel.

“La cena de Acción de Gracias en el Drake Hotel de Chicago es lujosa y costosa, y Gosia estaba deslumbrante y yo llevaba mi mejor traje”, recuerda Hank.

Parecía el comienzo de algo increíble.

“Pero aun así, no estaba segura de que fuera a funcionar, porque yo no iba a mudarme”, dice Gosia. “Tenía a mis padres, no quería dejarlos, quería cuidarlos… Pensaba: ‘Hay demasiada distancia para que esto continúe’”.

La actitud más pragmática de Gosia no pudo competir con el romanticismo de Hank. Él sabía que tenían algo especial, algo por lo que valía la pena superar las dificultades logísticas. Su determinación ayudó a Gosia a dejar de lado sus dudas.

“Él estaba increíblemente decidido”, dice ella. “Así que, cada dos meses yo viajaba a Estados Unidos, y Hank, cuando tenía tiempo libre en la escuela, venía a Polonia”.

Un día, Gosia llamó a Hank mientras él estaba en medio de una clase.

“Quiero mucho a mis estudiantes, de verdad, y amo enseñar”, dice Hank. “Estábamos en clase y Gosia se equivocó con la hora y me llamó. Entonces les dije: ‘Es una mujer con la que estoy saliendo…’”.

Los estudiantes le dijeron que tenía que contestar. Sería de mala educación, dijeron, dejar esperando a su novia.

“Así que puse la llamada y ahí estaba ella, frente a 30 estudiantes. Y todos dijeron: ‘Dios mío, es hermosa’. Los escuché a todos decirlo… Eso se supo en toda la escuela”.

A lo largo de sus visitas de ida y vuelta, la relación de Hank y Gosia creció. Se apoyaron mutuamente, tanto cuando estaban juntos como cuando estaban separados, en medio de dificultades familiares, altibajos laborales y todo lo demás.

En 2017, Hank le propuso matrimonio a Gosia. Pero, a pesar de estar segura de que lo amaba, Gosia dudó antes de decir que sí.

“Nunca quise casarme, así que tenía miedo”, dice hoy.

Aunque Gosia aceptó la propuesta de Hank, a medida que se acercaba la fecha de la boda, seguía dudando sobre su decisión.

Hank había planeado una pequeña ceremonia en la casa de un viejo amigo de la universidad. Organizó todo, informándole a Gosia a distancia.

“Tenía al ministro, todo, las flores, el pastel encargado”, recuerda.

Pero una semana antes, Gosia canceló la boda. Seguía queriendo estar con Hank, pero no lograba conciliar sus sentimientos sobre el matrimonio como institución. Y, tras haber sido independiente durante tanto tiempo, le asustaba comprometerse.

Hank quedó devastado.

“No me habló durante dos o tres días”, dice Gosia. “Y durante esos dos o tres días me di cuenta: ‘Esto se acabó’. Porque entendí que cuando hieres tanto a alguien, se acabó”.

Durante esos días de silencio, esas palabras, “esto se acabó”, resonaban constantemente en la mente de Gosia. Sintió angustia. La idea de que Hank dejara de estar en su vida era desgarradora.

“Me di cuenta de que realmente me importa esta relación”, dice hoy.

Mientras tanto, Hank atravesaba su propia crisis. Estaba herido por la decisión de Gosia, que sintió como un rechazo a él y a todo lo que habían construido. Le resultaba difícil imaginar cómo podrían recuperar su relación.

“Descubrí que aún podía ser herido, incluso a mi edad, y fue duro”, dice. “Tuve que llamar a mis amigos y decirles: ‘No nos vamos a casar. Cancelen todo’.”

Pero también le resultaba difícil imaginar la vida sin Gosia. No quería perderla por completo.

“Así que, después de dos días, dije: ‘Está bien, quiero que estés en mi vida como amiga’”, recuerda. “Volvimos a ser amigos”.

Hank intentó adaptarse a un futuro en el que Gosia tendría un papel distinto en su vida. Mientras tanto, Gosia enfrentaba la magnitud de sus sentimientos. Lo extrañaba más que nunca, sin saber cuándo volvería a verlo.

“Me di cuenta de que realmente me importa esta relación”, dice. “Sentía que ya estaba enamorada. Pero me di cuenta de que lo amo y quiero estar con él en ese momento en que no me hablaba”.

Así, en cuestión de semanas, Gosia volvió a contactar a Hank y le dijo que quería estar con él, que después de todo debían casarse.

Y unos meses después, se casaron, en la casa de Hank en Waldron, Indiana.

“El juez era un amigo. Vinieron mis estudiantes y luego hicimos una pequeña fiesta con la facultad de mi escuela”, dice Hank. “Mi hijo, Adam, vino, y fue una boda muy, muy bonita”.

Tras la boda, Gosia incorporó el apellido de Hank al suyo, convirtiéndose en Małgorzata Wróblewska-Nuwer.

Al principio, la pareja pensó que continuaría con su vida entre dos continentes. Quizá Hank se mudaría a Polonia. Pero entonces los padres de Gosia fallecieron, con pocos meses de diferencia. Así que ella dejó su vida en Polonia y se mudó definitivamente a Indiana para estar con su nuevo esposo.

Vivir juntos requirió un periodo de adaptación para ambos.

“Cada uno era totalmente independiente”, dice Gosia. “Teníamos hábitos, y no es fácil convivir, ¿sabes? Así que discutíamos”.

“Pero no nos íbamos a dormir sin resolverlo”, añade Hank.

Decidieron una palabra clave para terminar las discusiones: “pingüino”.

“Si uno decía ‘pingüino’, la discusión terminaba. No más discusión. No la hemos dicho en, como, seis años no hemos discutido en seis años. Así que ya no hay ‘pingüino’”, dice Gosia, riendo.

Durante la pandemia de covid-19, Hank dejó su trabajo en la universidad.

“Decidí durante el covid que enseñar por Zoom no era ideal para una buena enseñanza”, explica. “Amo enseñar, pero también amo los periódicos”.

Comenzó a trabajar como editor en un periódico de Ohio, viajando a la ciudad de Celina. Luego, en 2022, asumió un nuevo cargo en un periódico en Alaska. Siempre le había gustado visitar ese estado del norte, y él y Gosia decidieron comenzar un nuevo capítulo en Fairbanks. Con el tiempo, Hank volvió a enseñar a tiempo parcial en la Universidad de Alaska en Fairbanks. Gosia trabaja como contadora en la zona.

“Nos gustan las mismas cosas y ambos estamos abiertos a nuevos desafíos”, dice Gosia. “Por eso estamos en Alaska”.

La pareja también tiene una cabaña en Polonia, que visitan en verano, y pasan tiempo con la hija de Gosia, Natalia. Dicen que al principio ella tenía dudas sobre la relación a distancia, pero ahora mantiene una relación muy cercana con Hank. Se unieron por su afinidad académica.

“Son como hija y padre”, dice Gosia.

“Somos muy cercanos”, coincide Hank.

Gosia también se acercó al hijo de Hank, Adam, quien la convirtió en una entusiasta de los juegos de mesa.

Han pasado más de diez años desde que Hank y Gosia compartieron su primer día juntos en Varsovia. Hoy, Gosia describe su encuentro como “destino”.

Pero aclara: “destino no significa que puedas sentarte a esperar que algo suceda. Siempre tienes algo en tu camino. Todo depende de cómo lo aproveches o de cuál sea tu reacción”.

Ambos coinciden en que el otro ha sacado lo mejor de sí mismos.

“Nunca había conocido a un hombre como Hank, con quien me siento tan cómoda”, dice Gosia, quien aún usa la tobillera que él le regaló en aquel viaje decisivo a Chicago.

“Me apoya. Intenta apoyarme en todo. Es realmente increíble… Es muy paciente. Me cambió”.

“Gosia me ha dado mucha confianza”, dice Hank. “Hace mucho tiempo estudié actuación en el Shakespeare Institute y actué por un tiempo, pero luego no lo hice durante 48 años. Y ahora, en Alaska, hemos participado en 10 obras comunitarias en menos de dos años… No lo habría hecho sin que Gosia me diera el valor de intentarlo a esta edad”.

Gosia a veces se une a su esposo en el escenario, aunque con frecuencia trabaja detrás de escena animándolo.

La pareja también trabaja junta en una columna para un periódico de Alaska, The Cordova Times. No viven en Cordova, pero disfrutan colaborar a distancia. Hank escribe los textos y Gosia toma las fotografías. Para él, esto refleja su forma de trabajar en equipo en la vida. También disfrutan planear viajes juntos y actualmente esperan con entusiasmo aventuras en Hawai y Belice.

“Nuestros amigos nos llaman ‘GosiaandHank’, una sola palabra, y juntos somos como un faro de alegría”, dice Hank. “Nos damos 100 % de independencia, pero juntos ella me ha hecho una mejor persona que explora sus emociones como nunca antes. Y aun siendo un solo ‘haz’, nunca me he sentido más libre, enfocado, desinhibido y feliz en mi vida”.

Para ambos, encontrar el amor un poco más tarde en la vida ha sido un capítulo inesperado y feliz. Creen que su historia demuestra que nunca sabes qué hay a la vuelta de la esquina y que, cuando llega la felicidad, hay que abrazarla por completo.

“Nunca quise casarme, porque no creo haber estado realmente enamorada antes”, dice Gosia. “Mi mensaje para todos es este: la vida es impredecible, y si el amor tiene que llegar, lo hará en el momento adecuado; solo hay que ser valiente y estar abierto a nuevos desafíos”.

“El mensaje de mi parte, para quienes tienen 60 o más y están divorciados, es que la persona adecuada está ahí afuera”, dice Hank. “Simplemente no salgan a buscar el amor. Busquen vivir aventuras en lugares a los que apenas se atreverían a ir. Dejen de lado sus miedos, y quizá encuentren a un compañero de viaje que tampoco esté buscando el amor”.

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