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Cuatro razones por las que una salida precipitada de Trump de la guerra con Irán podría no poner fin al conflicto

Por Abbas Al Lawati, CNN

El presidente Donald Trump está dando señales de que podría retirarse de la guerra con Irán, abandonando el conflicto de manera unilateral sin derrocar a la República Islámica, sin reabrir el estrecho de Ormuz y sin asegurar un acuerdo con Teherán para detener los ataques contra Estados Unidos y sus aliados.

El presidente ha afirmado que “la parte difícil ya está hecha” y se muestra optimista de que una retirada aliviaría el impacto económico que los ataques de Irán contra el transporte marítimo y la infraestructura energética en el golfo Pérsico han causado a consumidores en Estados Unidos y en todo el mundo.

Pero Irán ha insistido en que será quien decida cuándo termina la guerra y no muestra señales de ceder hasta que Estados Unidos acepte sus demandas. Teherán rechaza los “plazos” y está preparado para seguir combatiendo durante “al menos seis meses”, dijo el martes el ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi.

A continuación, por qué la parte más difícil de la guerra podría estar lejos de terminar:

Trump declaró el martes que su “único objetivo” de impedir que Irán desarrolle un arma nuclear “se ha cumplido”. Estados Unidos ha bombardeado varias instalaciones nucleares iraníes, pero más de 400 kilogramos de uranio altamente enriquecido que podrían utilizarse para fabricar una bomba no han sido localizados.

A pesar de la afirmación de Trump de que las “personas muy diferentes” que ahora gobiernan Irán son “mucho más razonables”, los expertos tienen motivos para creer que ahora es más probable que Irán busque desarrollar una bomba que antes de la guerra. El anterior líder supremo, Ali Jamenei, quien había emitido una fatua prohibiendo su desarrollo, murió en ataques de Estados Unidos e Israel. Ahora, los sectores más duros del país exigen la militarización del programa nuclear, argumentando que el estatus de Irán como estado al umbral nuclear no fue un disuasivo eficaz para evitar ataques.

Al no lograr derrocar a la República Islámica, Estados Unidos dejaría en el poder a un régimen considerablemente más radical, donde los líderes civiles están siendo desplazados por la Guardia Revolucionaria Islámica. Es probable que este cuerpo haga a Irán aún más hermético y aumente significativamente la represión de las libertades y la disidencia.

Una salida temprana de la guerra con Irán equivaldría, en la práctica, a reconocer el fracaso de Washington para reabrir el estrecho de Ormuz mediante presión diplomática o militar. Trump ha dicho que los precios de la gasolina “se desplomarán” tras una retirada de Estados Unidos, argumentando que, como el país importa relativamente poca energía de Medio Oriente, asegurar esa vía debería ser responsabilidad de quienes sí dependen de ella.

Pero los mercados no funcionan así. El precio que pagan los estadounidenses en las gasolineras se determina en el mercado global, independientemente del origen del combustible, y una interrupción del suministro —si no se aborda— elevaría los precios en Estados Unidos.

Salir sin un acuerdo para reabrir el estrecho equivaldría a entregar una victoria a Irán en su intento de imponer su soberanía sobre esa vía marítima, dándole una enorme influencia sobre la economía mundial y mucho más poder del que tenía antes. La supervisión iraní de los barcos que atraviesan el estrecho y la imposición de peajes de hasta US$ 2 millones por embarcación podrían convertirse en la nueva norma, generando una nueva fuente de ingresos para Teherán mientras continúa una guerra que no muestra intención de terminar.

La consolidación del control iraní podría, paradójicamente, permitir que fluya más petróleo si más países optan por pedir permiso a Teherán para transitar el estrecho, lo que podría aliviar en parte el alza de precios. Sin embargo, esto sentaría un precedente con poco respaldo en el derecho internacional y plantearía serias dudas sobre la eficacia del orden marítimo basado en reglas. Además, expertos señalan que, incluso si se restablece el suministro, podrían pasar semanas o incluso meses antes de que los precios bajen en las gasolineras.

Irán ha roto dos tabúes con sus vecinos árabes del golfo durante la guerra: lanzó ataques directos contra su territorio por primera vez, castigándolos por las acciones de su aliado estadounidense, y cerró de facto el estrecho de Ormuz a sus exportaciones de petróleo, privándolos de una fuente vital de ingresos.

Ambos hechos son considerados amenazas existenciales por los países del golfo, y una salida rápida del conflicto sin un acuerdo podría dejarlos expuestos a nuevos ataques durante años. También otorgaría a Irán una importante ventaja, permitiéndole dictar las condiciones bajo las cuales pueden exportar petróleo, mientras mantiene la amenaza de más ataques con misiles contra sus ciudades si no cumplen con las exigencias de una República Islámica cada vez más agresiva.

Esto también podría generar dudas sobre el acuerdo implícito que vincula la inversión del golfo y su alineación estratégica con la protección continua de Estados Unidos. Cuando Trump visitó Qatar en su primer viaje oficial de su segundo mandato, declaró “vamos a protegerlos”, mientras los países del golfo prometían billones de dólares en inversiones en Estados Unidos. Una retirada apresurada que los deje a su suerte probablemente sería vista como una traición a ese compromiso.

El lugar en el que una salida rápida de Estados Unidos deje a Israel podría definir el rumbo del conflicto. Tanto en Líbano como en Gaza, Israel ha continuado atacando a sus adversarios incluso después de acordar ceses al fuego, alegando violaciones por parte del otro lado. Desde el inicio del más reciente conflicto con Irán, ha dejado claro que busca debilitar significativamente, si no derrocar, al régimen iraní, y una retirada estadounidense con la República Islámica aún en pie podría dejar asuntos pendientes desde su perspectiva.

Sin embargo, Washington ha demostrado anteriormente que puede contener a Israel cuando así lo decide. Durante la última guerra entre Israel e Irán en junio de 2025, cuando Trump intervino para poner fin al conflicto, afirmó que obligó a Israel a retirar aviones que ya se dirigían a atacar territorio iraní.

E incluso si Israel detiene sus ataques contra Irán, no hay garantía de que Teherán haga lo mismo. Tras haber sido objetivo de Israel en dos ocasiones en un año, es probable que Irán busque garantías de que no sea atacado nuevamente, algo que difícilmente ocurrirá sin un acuerdo formal y negociado que ponga fin a la guerra.

Irán también ha insistido repetidamente en un acuerdo integral que incluya el fin de los combates en Líbano. Una retirada de Estados Unidos difícilmente resolvería ese frente. Israel ha intensificado su campaña allí tras los ataques de Hezbollah en apoyo a Irán y planea arrasar y controlar zonas del sur del país hasta considerar eliminada la amenaza del grupo.

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