Perú en suspenso: el conteo es lento y complejo. Estas 3 claves te ayudan a entender lo que puede pasar
Análisis por Gonzalo Zegarra, CNN en Español
El lento conteo de la segunda vuelta en Perú alarga el suspenso para definir al ganador de las presidenciales, con una ajustada diferencia entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez en el sondeo a boca de urna. El país, hastiado de la inestabilidad política, votó dividido y se prepara para días o semanas de tensa espera.
La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) se sacudió este domingo de la caótica y criticada realización de la primera vuelta, con una jornada sin mayores incidentes ni problemas logísticos. Esta vez, con más cautela, no prometió alguna hora para avances del escrutinio.
Pero quien no se despega de la incertidumbre es la política: con el resultado por definirse, lo seguro es que ningún candidato conseguirá la bocanada de legitimidad que le hubiese conferido una victoria avasalladora. La alta fragmentación de la votación de abril, cuando ninguna lista llegó al 20 %, no devino en la construcción de una gran coalición, sino que se plasmó una polarización frontal: tanto Fujimori como Sánchez rondan el 50 %.
Mientras el escrutinio avanza, hay factores clave a seguir para detectar cómo y hacia dónde se inclina la balanza.
La campaña y el mapa de la votación mostraron la clara división entre Lima y el resto del país, o más en detalle entre las zonas urbanas y rurales.
El boca de urna de Ipsos/Perú21/Latina indicó que Fujimori obtuvo el 66,1 % en la capital (donde vive cerca de un tercio de los peruanos), mientras que Sánchez se impuso con el 56,1 % en el resto de las regiones y consigue el 67,8 % del voto rural.
Esa diferencia no es tan marcada como fue la disputa entre Sánchez y el ultraderechista Rafael López Aliaga. A diferencia del exalcalde de Lima, la candidata de Fuerza Popular tiene un voto algo más homogéneo e incluso tiene bastiones en el norte del país (como en Piura y La Libertad) y es competitiva en otras zonas.
La gran diferencia que remontó Sánchez conforme avanzaba el conteo en abril será menos pronunciada en esta segunda vuelta.
Además, el análisis geográfico incluye el voto en el extranjero, donde se espera que Fujimori obtenga un bolsón importante de apoyos.
La elección tiene muchas similitudes con la de 2021, cuando Fujimori perdió ajustadamente con Pedro Castillo, hoy reivindicado por Sánchez. Si se cuenta solo el resultado en el territorio nacional, Castillo habría ganado por más de 150.000 votos, pero gracias al voto en el extranjero, muy favorable a Fujimori, la distancia fue de solo 44.000 votos.
Los primeros votos que se computan provienen de los grandes centros urbanos, que están cerca de los centros de cómputo de las 126 Oficinas Descentralizadas de Procesos Electorales.
De esta forma, Fujimori comenzó con ventaja y Sánchez apuesta a que la distancia no crezca lo suficiente como para convertirse en irremontable. ¿Cuándo se acercará Sánchez a Fujimori? Spoiler: habrá que esperar.
La hora dependerá de la ONPE, pero hablando en términos del porcentaje de escrutinio, vuelve a ser relevante la comparación con la elección de 2021, ya que la distribución del voto tiene grandes similitudes a la disputa entre Fujimori y Castillo.
En esa segunda vuelta, los primeros resultados oficiales (al 42 %) daban a Fujimori una ventaja de casi seis puntos (52,9 %). Cuando el escrutinio iba al 80 %, Fujimori todavía figuraba como líder, con un 51,2 %, aunque ya había tocado techo y mostraba tendencia a la baja. Al 90 %, mantenía el primer lugar con un 50,4 %. Fue recién con un 92 % del conteo que Castillo superó a la candidata de Fuerza Popular, con un 50,1 %, que finalmente fue el porcentaje que obtuvo en el resultado definitivo.
Aunque los números cambien, si las condiciones son similares, puede indicar que el avance de Sánchez se produciría en el último tramo del conteo. Por ejemplo, si Fujimori mantiene una distancia no mayor a dos puntos al 80 %, podría no ser suficiente para considerarla ganadora por la distribución de las mesas que falta contar.
Pero es en ese último tramo donde Fujimori recibirá un pequeño —y quizás determinante— impulso final, ya que muchas de las actas de mesas en el extranjero están entre las últimas en ser contadas.
Las misiones electorales de la OEA y de la Unión Europea reportaron una jornada electoral “tranquila” que se desarrolló con normalidad. El orden contrastó con los problemas de la primera vuelta que obligaron a extender hasta el lunes la votación en algunos centros de Lima que no recibieron a tiempo el material electoral, y pusieron a las autoridades de la ONPE en el ojo de la tormenta.
La simplicidad de una segunda vuelta impacta en el porcentaje de actas impugnadas, que luce mucho más bajo que en abril, cuando se realizaron cinco elecciones simultáneas con 35 candidatos, lo que aumentaba las posibilidades de errores aritméticos de las autoridades de cada mesa. Pero basta con que se mantenga cerca del 1,7 % que ronda con la mitad de las mesas procesadas como para que se convierta en un factor que impedirá matemáticamente declarar un ganador.
Es por ello que una vez finalizada la votación los dos partidos instaron a sus personeros a mantenerse en alerta para el conteo de votos, la parte más importante de la jornada.
En cuanto a las dudas del proceso que se multiplicaron en la primera vuelta por parte del candidato ultraderechista Rafael López Aliaga, que denunció un fraude sin presentar pruebas, los candidatos se mostraron serenos. Sánchez habló de un “respeto irrestricto a los resultados oficiales” y lo propio hizo Fujimori, quien fijó un compromiso: “Se necesita contar cada una de las actas: sea cual sea el resultado, lo reconoceré”.
Un margen tan estrecho abre la puerta a que cualquier tipo de irregularidad o reclamo motorice a los simpatizantes de cada candidato. La declaración de Fujimori resuena por su contraste con la actitud que adoptó en 2021, cuando nunca aceptó la derrota ante Castillo. Luego de que sus reclamos fueran desestimados, dijo unos días antes de que el vencedor asumiera el cargo que reconocería los resultados “porque es lo que demanda la ley”, pero insistió en que lo hacía “frente a la inminente e ilegítima proclamación de Pedro Castillo”.
El margen de victoria tan estrecho que consiga quien gane la votación dejará así una espada de Damocles sobre su cabeza, en un país acostumbrado a la rotación de presidentes. Aunque el tamaño de la eventual bancada oficialista y las alianzas que concreten sean clave para la sostenibilidad de un mandato, la gobernabilidad también pasará por la legitimidad que no consiguieron por completo en las urnas y que puedan obtener por fuera de ellas.
Pero el escenario, en mayor o menor medida, se repite: Perú da manotazos de ahogado sin que llegue un salvavidas.
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