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Los mosquitos transmisores del dengue amplían su alcance a nuevos territorios, incluido Florida

Por Andrés Henao, CNN

El Departamento de Salud de Florida confirmó el 18 de septiembre de 2026 que la muerte de una mujer de edad avanzada el 4 de septiembre se debió al dengue.

Esta es la primera muerte confirmada en un brote más amplio de dengue en el condado de Hillsborough, donde se han registrado 134 casos de la enfermedad este verano. En agosto, el Departamento de Salud del condado de Hillsborough emitió una alerta por enfermedades transmitidas por mosquitos debido a reportes de múltiples casos adquiridos localmente.

Este grupo de casos de transmisión local es un claro recordatorio de que una enfermedad que la mayoría de los estadounidenses asocia con vacaciones en destinos tropicales lejanos se contrae cada vez más dentro del país.

Al dengue se le suele llamar “fiebre quebrantahuesos”, y el apodo tiene su razón de ser. Las personas que enferman suelen presentar repentinamente fiebre alta, junto con un intenso dolor de cabeza, dolor detrás de los ojos y dolores profundos en músculos, articulaciones y huesos. Muchas también sienten náuseas, vomitan o desarrollan una erupción cutánea con manchas unos días después.

Como médico especialista en enfermedades infecciosas y medicina tropical que dirige una clínica para viajeros, veo lo fácil que es que el dengue pase inadvertido tanto para los pacientes como para los médicos. En partes de EE.UU. donde la enfermedad todavía es poco común, puede confundirse fácilmente con la influenza o el covid-19, y ese retraso puede ser peligroso.

El dengue no se transmite de persona a persona como un resfriado. Se propaga a través de la picadura de mosquitos Aedes infectados, principalmente Aedes aegypti, una especie común en Florida. Estos mosquitos prosperan en ciudades cálidas y pueden reproducirse en una cantidad de agua estancada tan pequeña como la que cabe en la tapa de una botella. Estos mosquitos pican durante el día, no solo al anochecer.

El ciclo es simple y difícil de interrumpir: un mosquito pica a una persona infectada y, días después, pica a otra y le transmite el virus.

El dengue es especialmente difícil de detectar porque la mayoría de las infecciones no causa ningún síntoma. Aproximadamente 3 de cada 4 personas que contraen el virus nunca se sienten enfermas. En el 25 % que sí presenta síntomas, estos no aparecen hasta entre cuatro y 10 días después de la picadura.

Además, existen cuatro cepas diferentes del virus del dengue, y sobrevivir a una infección proporciona protección duradera únicamente contra esa cepa. Una segunda infección con un tipo diferente aumenta, de hecho, las probabilidades de desarrollar una enfermedad grave.

La mayoría de las personas padecen dengue durante una semana difícil y luego se recuperan por sí solas. Pero alrededor de 1 de cada 20 pacientes desarrolla dengue grave, un giro potencialmente mortal que suele producirse justo cuando desaparece la fiebre, a menudo entre el tercer y el séptimo día, cuando los pacientes y sus familias pueden asumir erróneamente que lo peor ya pasó.

En el dengue grave, pequeños vasos sanguíneos de todo el cuerpo comienzan a filtrar líquido, la presión arterial puede desplomarse y pueden producirse hemorragias peligrosas o daños en los órganos. Entre las señales de advertencia de que una persona está entrando en esta fase se encuentran dolor abdominal intenso, vómitos repetidos, sangrado de las encías o la nariz, somnolencia extrema o inquietud, y sangre en el vómito o las heces.

Algunos grupos enfrentan un mayor riesgo, entre ellos los bebés, las mujeres embarazadas, los adultos mayores de 65 años y las personas con afecciones como diabetes, obesidad o enfermedad renal. Sin tratamiento, el dengue grave puede causar la muerte de hasta el 10 % de los pacientes. Con atención hospitalaria oportuna, esa cifra cae a menos de 1 de cada 100, razón por la cual es tan importante reconocerlo a tiempo.

Existe una vacuna contra el dengue, pero no se recomienda para el viajero estadounidense promedio. Las vacunas disponibles se utilizan únicamente en determinados casos, como en niños que viven en zonas de alta transmisión y que ya han tenido dengue una vez. Por eso, la prevención sigue dependiendo principalmente de evitar las picaduras de mosquitos.

No existe ningún medicamento antiviral que cure el dengue. El tratamiento consiste en apoyar al organismo mientras combate el virus. Para las personas que están lo suficientemente bien como para permanecer en casa, eso significa descansar, beber abundantes líquidos y tomar acetaminofén, conocido comúnmente en EE.UU. por la marca Tylenol, para la fiebre y el dolor.

Los pacientes que podrían tener dengue deben evitar la aspirina, el ibuprofeno y otros medicamentos antiinflamatorios no esteroideos. Estos medicamentos aumentan el riesgo de hemorragia, que ya es un peligro con el dengue.

Los pacientes que desarrollan síntomas más graves necesitan ser hospitalizados, donde los médicos administran cuidadosamente líquidos por vía intravenosa y los vigilan de cerca. Si reciben muy poco líquido, pueden entrar en shock; si reciben demasiado, puede acumularse líquido en los pulmones.

El dengue está aumentando rápidamente en todo el mundo. La Organización Mundial de la Salud registró más de 14 millones de casos en 2024, el peor año del que se tiene registro, en unos 100 países. Eso representa un aumento del 2.600 % frente a los más de 505.000 casos reportados en 2000.

Las temperaturas más cálidas, el rápido crecimiento urbano y los viajes internacionales están ayudando a los mosquitos —y al virus— a expandirse hacia lugares donde antes nunca habían representado un problema. Asia meridional, el sudeste asiático y América Latina soportan la mayor carga, pero el área afectada se está extendiendo hacia el norte.

La mayoría de los casos de dengue en EE.UU. todavía se contraen en el extranjero. Los viajeros regresan enfermos al país. Solo en 2023, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades reportaron casi 1.900 casos relacionados con viajes.

Pero cada viajero infectado es una chispa, y en los estados cálidos ya existen las condiciones para que el virus se propague.

Entre los territorios de EE.UU., Puerto Rico y las Islas Vírgenes de EE.UU. registran, por mucho, la mayor cantidad de casos. Florida tiene el riesgo más alto entre los 50 estados, y el condado de Miami-Dade registró más de 300 infecciones de dengue adquiridas localmente entre 2010 y 2024. También se han registrado casos locales en Texas, California, Arizona y Hawai.

Si presenta fiebre repentina después de viajar a una zona donde hay dengue, o después de haber estado expuesto a mosquitos en el sur de Florida, consulte a un médico y mencione dónde ha estado. Descanse, beba líquidos y tome acetaminofén, no ibuprofeno ni aspirina.

Lo más importante es estar atento a las señales de advertencia. El dolor abdominal intenso, los vómitos repetidos, el sangrado o la somnolencia repentina son señales de que debe acudir de inmediato a una sala de emergencias.

Y para protegerse y proteger a sus vecinos: use repelente de insectos, vista ropa de manga larga y elimine cualquier acumulación de agua estancada en su jardín donde puedan reproducirse los mosquitos.

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