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Las disputas sobre la lealtad a EE.UU., al partido y a Trump dominan los debates senatoriales en Michigan y Kansas

Por Stephen Collinson, Gloria Pazmino y Aaron Blake, CNN

Michigan y Kansas celebraron este miércoles por la noche algunos de los últimos grandes debates senatoriales de las elecciones intermedias de 2026. Y fueron un estudio de contrastes.

El debate senatorial de Michigan entre el candidato demócrata Abdul El-Sayed y el republicano Mike Rogers fue ferozmente disputado y estuvo marcado por duros ataques personales, como corresponde a una contienda que podría decidir la mayoría del Senado.

Cada candidato tenía una tarea sencilla.

El-Sayed, exdirector ejecutivo del Departamento de Salud de Detroit, necesitaba vincular a Rogers —excongresista— con el profundamente impopular presidente Donald Trump y su gestión económica, además de disipar las dudas de los moderados sobre sus posturas políticas.

Rogers intenta ganar en un estado actualmente gobernado por demócratas mientras carga con los índices de aprobación históricamente bajos de Trump. Su única esperanza es desacreditar a El-Sayed como un candidato aceptable para el Senado ante los ojos de los votantes.

El debate en Kansas fue algo más cordial, con menos énfasis en Trump y más atención a si el pastor demócrata Adam Hamilton estaba demasiado alineado con la izquierda política —de la que intentó distanciarse repetidamente— como para desbancar al senador republicano Roger Marshall. Marshall, mucho más que Rogers, apeló abiertamente a los votantes de Trump.

Aquí presentamos las conclusiones de su último debate antes del día de las elecciones:

Rogers planteó una pregunta osada: ¿es El-Sayed, un musulmán nacido en Michigan, realmente leal a Estados Unidos? Esta acusación surgió en un contexto de duras y falsas afirmaciones por parte de Trump, quien tilda al demócrata de “yihadista”.

Rogers alegó que El-Sayed —quien podría convertirse en el primer musulmán elegido para el Senado— habría sido comprado por los Hermanos Musulmanes, un grupo islamista fundado en Egipto, y que cuenta con donantes que apoyan a organizaciones extremistas respaldadas por Irán, como Hamas y Hezbollah.

“Si va a llegar al Senado de Estados Unidos, necesitamos saber: ¿está usted a favor de Estados Unidos o a favor de estos grupos terroristas en el extranjero?”, preguntó Rogers. “Puede sonreír y hablar de forma muy elocuente, pero le diré una cosa: eso representa un riesgo para nuestra seguridad nacional”.

El-Sayed, quien ha repudiado a los Hermanos Musulmanes, acusó a su oponente de lanzar un ataque “vergonzoso”.

“Cuestionar mi compromiso con la Constitución es algo que realmente está por debajo de su nivel. Estoy orgulloso de Estados Unidos. Estoy orgulloso de ser estadounidense. Estoy orgulloso de nuestra Constitución, que nos garantiza a todos el derecho a rezar como elijamos hacerlo”, afirmó.

Rogers también intentó explotar la idea de que El-Sayed, al ser progresista, se sitúa demasiado a la izquierda para el electorado de Michigan, y trató de reabrir las divisiones que quedaron expuestas entre facciones rivales durante las primarias demócratas.

Afirmó que El-Sayed estaba “alineado” con los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés) y que quiere “un Gobierno más grande y más impuestos”. El-Sayed se describe a sí mismo como capitalista y no es miembro de la DSA, pero cuenta con el apoyo de varios miembros del grupo, incluida la representante de Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez, quien hizo campaña con él la semana pasada.

Rogers también buscó ahondar en las divisiones demócratas apelando a los partidarios descontentos del rival de El-Sayed en las primarias. “Eres votante de Haley Stevens; saliste de aquello y dijiste: ‘Bueno, simplemente no puedo hacerlo. Él es demasiado extremista’… pues adivina qué: tienes un hogar con nosotros”, dijo Rogers en su declaración final.

En última instancia, los ataques de Rogers contra las lealtades de El-Sayed tenían como objetivo promover un argumento más amplio —que simplemente no se puede confiar en el demócrata— e insinuar, tal como ha hecho Trump, que no es un estadounidense auténtico.

“Ahí está, de nuevo, todo ese patrón de engaño”, dijo Rogers refiriéndose a la afirmación de El-Sayed de estar a favor de un control fronterizo estricto, utilizando una muletilla a la que recurría con frecuencia. Al refutar las negativas de El-Sayed sobre querer retirar los fondos a la policía, Rogers afirmó: “Este tipo tiene información nueva y falsa cada 30 segundos, aproximadamente”.

El-Sayed replicó en varias ocasiones que era Rogers quien faltaba a la verdad y dijo que estaba empleando una táctica de distracción clásica utilizada por Trump. Repitió que la gente debería jugar al “bingo MAGA” en casa mientras marcaba las palabras clave preestablecidas de Rogers. Pero advirtió: “Cuando ganas al bingo MAGA, todos perdemos”.

Rogers, al igual que todo candidato republicano en las elecciones intermedias, necesita encontrar la manera de desmarcarse de las políticas más impopulares de Trump sin confundir a los partidarios del presidente, cuya participación masiva es indispensable para que él pueda ganar.

Comenzó con una maniobra compleja: reconoció que la economía de Michigan atraviesa una situación difícil y que la gente está sufriendo, pero argumentó que, si los demócratas toman el control del Senado, la situación empeorará aún más. Este planteamiento dista mucho del argumento de Trump de que los estadounidenses viven una “época dorada” económica.

Rogers mantuvo una postura cautelosa respecto a los aranceles; sostuvo que algunas medidas están logrando repatriar empleos desde México y China, pero que la guerra comercial con Canadá —un asunto crucial para la economía de Michigan, estado fronterizo— no había sido bien planificada. Rogers afirmó que un Congreso bajo control demócrata provocará un aumento de los impuestos y de los costos, incluido el precio de la gasolina.

El-Sayed lo tuvo más fácil, dada la enorme insatisfacción pública con la gestión económica de Trump; afirmó que Rogers y el presidente actúan en estrecha sintonía. Dijo que los votantes deben enviarlo al Senado para garantizar que “el dinero se gaste en ustedes y en sus hijos, en lugar de lanzar bombas sobre otras personas y sus hijos”.

Se centró en la mayor vulnerabilidad de Rogers después de que el republicano dijera que su oponente se limitaba a repetir “Donald Trump” una y otra vez. El-Sayed respondió culpando a la decisión del presidente de ir a la guerra con Irán de haber agravado el costo de vida.

“Sí, voy a culpar a Donald Trump porque esta es la economía de Donald Trump. Es la que estamos viviendo”, dijo El-Sayed. “Pagamos más por la gasolina, más por los alimentos, y se están recortando los fondos del Departamento de Educación”.

“Necesitamos pasar página respecto a Donald Trump, pero eso significa que debemos plantarle cara a Donald Trump”, concluyó.

A varios estados de distancia, otro candidato demócrata al Senado adoptaba un enfoque muy diferente.

En el republicano Kansas —un estado que Trump ganó por 16 puntos—, la estrategia de Hamilton consistía menos en vincular a su rival con Trump que en convencer a los votantes de que él era un candidato de centro.

De hecho, el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, fue mencionado más veces que Trump, mientras Marshall intentaba presentar repetidamente a Hamilton como alguien que facilitaría y respaldaría la agenda del demócrata de Nueva York.

Cuando le preguntaron en qué se diferenciaba del Partido Demócrata, Hamilton calificó las políticas fronterizas del expresidente Joe Biden de “desastre” y dijo que él “no es alguien que favorezca al Partido Socialista”.

Afirmó que no apoyaba Medicare para todos ni el Nuevo Pacto Verde, aunque le gustaban “partes” de este último.

“Hemos oído mencionar a Chuck Schumer, no sé, ¿50 veces?… Tal vez 20 veces hasta ahora”, dijo Hamilton. “Me parece interesante. Ya he dicho que no apoyaría a Chuck Schumer como líder de la mayoría del Senado si los demócratas llegaran a controlar el Senado”.

Marshall, por su parte, se distanció de Trump mucho menos que Rogers en Michigan. De hecho, se alineó estrechamente con él.

Cuando le preguntaron por la impopularidad de Trump incluso en Kansas, Marshall convirtió su respuesta en un llamado a los partidarios del presidente.

“Ha habido varias ocasiones en las que he expresado mi desacuerdo con el presidente, pero quiero recalcar algo: necesitamos que los votantes de Trump salgan a votar”, dijo Marshall. “Y ese sería mi llamado a la gente esta noche: si quieren que continúe la agenda de Trump, si quieren fronteras seguras, unas Fuerzas Armadas fuertes e impuestos más bajos… tienen que salir a votar, porque cumplimos con esas cosas”.

Más adelante en el debate, también afirmó que los aranceles de Trump “están funcionando”.

Cuando volvieron a preguntarle sobre sus diferencias con Trump, dijo que no estaba de acuerdo con las tácticas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en el suroeste de Kansas, a las que muchos republicanos locales se opusieron recientemente. También expresó su desacuerdo con el plan de Trump para importar carne de res.

La cuestión de ICE dio lugar a algunos de los momentos más interesantes del debate, y Hamilton intentó claramente aprovecharla.

Marshall presentó el tema como un ejemplo de su capacidad para comunicarse directamente con Trump y su Gobierno cuando no está de acuerdo con algo que ocurre.

“Lo primero que hice cuando vi lo que estaba pasando en el suroeste de Kansas con las redadas del ICE fue tomar el teléfono, llamar al secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, y decirle: ‘Oye, no creo que esto esté del todo bien. ¿Qué está pasando?’”, relató Marshall.

Marshall también sugirió que podría haber un debate más amplio sobre una reforma migratoria ahora que la frontera es más segura. Señaló que, como médico, había atendido numerosos partos de mujeres indocumentadas.

Hamilton aprovechó ese comentario para presentar como despiadadas las deportaciones que se llevan a cabo actualmente.

“Con todos esos hijos de inmigrantes indocumentados cuyos partos atendió, ¿también llamó al ICE para pedir que se los llevaran?”, preguntó Hamilton. “¿Qué hizo con esas personas? Tuvo compasión de ellas cuando atendió esos partos, pero después apoya las cuotas”.

Hamilton dijo que, cuando estuvo en Hutchinson, Kansas, “una maestra de preescolar fue arrestada frente a sus alumnos. Eso simplemente no está bien. Hemos militarizado y politizado al ICE, en lugar de permitirle hacer el importante trabajo que debería realizar: proteger a los estadounidenses de personas peligrosas, muy peligrosas”.

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