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Latino

OPINIÓN | Eusebio Leal en la memoria

Nota del editor: Jorge Dávila Miguel es licenciado en Periodismo desde 1973 y ha mantenido una carrera continuada en su profesión hasta la fecha. Tiene posgrados en Ciencias de la Información Social y Medios de Comunicación Sociales, así como estudios superiores pos universitarios en Relaciones Internacionales, Economía Política e Historia Latinoamericana. Actualmente Dávila Miguel es columnista de El Nuevo Herald, en la cadena McClatchy y analista político y columnista en CNN en Español. Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor

(CNN Español) — Ha muerto Eusebio Leal en Cuba y con él muere un humanista de primer orden, uno de los principales hijos de la nación cubana. De extracción humilde, fue parte del proceso revolucionario cubano desde su adolescencia y en este permaneció hasta su muerte. Fue católico y comunista al mismo tiempo. Nunca renunció a su fe. Accedió al Comité Central del Partido Comunista Cubano en el año 1991[1]. Fue Miembro del Consejo de Estado de la República de Cuba en el 1993. Mereció 11 órdenes y condecoraciones internacionales. Pero su mayor condecoración ante la vida y la nación cubana fue su dedicación, casi sacerdotal, a mantener y restaurar los hermosos patrimonios de la cultura, la arquitectura y la historia cubanas.

A los dieciséis años, en 1959, comienza a trabajar en la Administración Metropolitana de La Habana, donde se convierte en discípulo del eminente historiador Emilio Roig de Leushenring. Apenas 8 años después es designado director del Museo de la Ciudad de La Habana, sucediendo en su cargo a Roig. Pronto asume lo que constituirá su principal sello, su primera obra de restauración: la Casa de Gobierno, antiguo Palacio de los Capitanes Generales y Casa Capitular, concluida en 1979. Después, Leal empezaría a hacer reverdecer por todas partes la maravilla arquitectónica que es La Habana, con su mezcla de culturas.

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Vestía regularmente de gris, una simple camisa de mangas cortas y pantalón de trabajo. Así le decían “el hombre de gris” cuando andaba por las calles de La Habana colonial, siempre supervisando, siempre precisando, con ese temperamento de perfección que era también su sello. Lo mismo animando que manchando el gris de su ropa con cemento y cal.

Era un hombre sencillo, diríase que hasta humilde. Lejos de sus altos cargos, relaciones internacionales, grados académicos, órdenes y condecoraciones, era un hombre de palabra llana con el que era un auténtico placer el conversar. Eliseo Diego, ese gran poeta cubano, decía que a lo que usualmente llamamos cultura no es más que información, exquisita tal vez, pero simple información. La cultura era, sin embargo, la capacidad de relacionar dicha información, de hacerla trabajar para obtener resultados hermosos, tal vez permanentes en el ser humano y en el tiempo. Leal era un hombre culto. Lo transpiraba en sus palabras y en su tono, en razonamientos y conceptos, pero sobre todo porque toda la información y el aprendizaje que logró en sus 78 años de vida decididamente lo convirtió en la hermosura que se vive hoy a lo largo de las calles restauradas de La Habana Vieja y en donde quiera que Eusebio Leal influyó para que la riqueza arquitectónica e histórica de la ciudad fuera preservada.

Tal vez mediante la restauración del casco colonial habanero, al dar vida a los lugares que alojaron las instituciones económicas y políticas de la era prerrevolucionaria ––en una labor casi arqueológica––, fue que Leal maduró un esencial concepto: la comprensión de una realidad política ineludible para la salud de la nación cubana. Fuera de posiciones maniqueas, ver sus etapas políticas como un continuo histórico la aceptación de la República prerrevolucionaria como un hecho inalienable de la historia nacional-, con sus luces y sus sombras, pero sin negarla y despreciarla a cada paso, como ha sido el mensaje político dentro del proceso revolucionario cubano.

Faltaría entonces -y a esto Leal nunca se refirió- que en el exilio radical cubano, alguien, desde una estatura moral parecida, aceptara el proceso revolucionario cubano como un hecho también inalienable de la historia, sin negarlo y despreciarlo en su totalidad, como es hoy en día el mensaje político del exilio.

Los puentes unen, las murallas separan. A la nación y su historia no debe separarlas nada. Y es un orgullo para esta casa, CNN en Español, radicada en Miami, haberle hecho un más que merecido homenaje a la obra de Eusebio Leal en el marco de los 500 años de la fundación de La Habana. Con Rescatando La Habana, el primer documental y tal vez el único que lo presenta como reconstructor, no solo de mortero y ladrillo, sino de la misma alma ––viejísima y al mismo tiempo nueva–– de la ciudad que tanto amó.

Ha muerto Eusebio Leal, ha muerto un gran hombre y un patriota. Muchas restauraciones faltan en La Habana y muchas reconstrucciones para bienestar de la población, sin que lo anime necesariamente algún legado histórico. Leal deja unos zapatos inmensos; esperemos que alguien con su mismo empeño y visión los calce, que muchos los calcen, porque zapatos como los de Eusebio Leal son imprescindibles para caminar no solo los trechos complicados de la historia y su reivindicación, sino los caminos saludables y sin odio que la nación cubana necesita.

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